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Es probable que no me conozcas, pero yo te conozco perfectamente bien...

(Salmos 139.1)

Ventana al Infinito. Copyright © 2011 - Universidad Santo Tomás - Todos los derechos reservados.  
 

 

 

 

“CUARESMA, CUARENTA DÍAS DE ORACIÓN”


 

“Alabad al Señor por su bondad

porque es eterna su misericordia” (Sal 107)

 

 

Generar un cambio de actitud, desde nuestra perspectiva cristiana, sólo tiene sentido si con esto tiene una mejor experiencia de Dios; y la oración es sin duda una vía segura para llegar a Él. El pueblo de Israel, en su constante búsqueda del Señor, descubrió en la oración y en sus obras, una vía segura para caminar hacia Dios con fe y alegría.

 

Nosotros, llamados a la perfección de Dios, hoy más que nunca, tenemos que acrecentar nuestra oración, desde la vivencia de la Eucaristía, la reflexión de la palabra y, descubriendo el profundo sentido del ayuno y la abstinencia, cuya práctica debe estar llena de una motivación de vida y alegría en donde el sacrificio se convierte en una fuente inagotable de riqueza; sacrificio que sólo dará frutos espirituales si se enmarca desde la privación, aún de lo que más me gusta o quiero, para compartir con aquellos que necesitan.

 

Cuando por el deseo de acercarnos más a  Dios, descubrimos en la oración la base de nuestro cambio de actitud, entonces, estamos empezando a orar y a tomar conciencia de que sin El cómo lo dice el Salmo, "andamos errantes por el desierto solitario" y que nuestra cuaresma es un camino en la oración en donde Dios nos lleva por el camino derecho.

 

Cuaresma, cuarenta días de oración, de interiorización que podemos enriquecer desde la reflexión de los textos que nos propone la liturgia cada día y especialmente los de los cinco domingos de este tiempo litúrgico:

 

1. Jesús ayuna durante cuarenta días y es tentado por el diablo (Mt 4,1-11).

2. La transfiguración del Señor en el monte Tabor (Mt 17,1.9).

3. Jesús se manifiesta como el verdadero templo (Jn 4,5-42).

4. Cristo es la Luz del mundo (Jn 9,1-41).

5. Cristo traza con su muerte el camino a la Vida (Jn 11,1-45).

 

La oración que la Iglesia nos invita a hacer, está enmarcada en una reflexión, a la luz de Cristo, de los acontecimientos violentos, absurdos y sin sentido que a diario descubrimos en nuestra sociedad; oramos no para dolernos más de lo que ya bastante nos acongoja, sino para encontrar la luz esperanzadora que nos ilumina en nuestra conversión interior la cual se refleja en el compromiso con aquellos que sufren y no encuentran consuelo en su aflicción.

 

 

Francisco Sastoque, o.p.