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Es probable que no me conozcas, pero yo te conozco perfectamente bien...

(Salmos 139.1)

Ventana al Infinito. Copyright © 2011 - Universidad Santo Tomás - Todos los derechos reservados.  
 

 

 


“Que tu misión como pastor,

 

sea semejante a la de

 

Jesús el Buen Pastor”

 

 

Cuarto Domingo De Pascua B

 

 

Libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 4,8-12)

 

“En aquellos días, Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo:

- Jefes del pueblo y senadores, escúchenme: porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogan hoy para averiguar qué poder ha curado a este hombre. Pues quede bien claro a ustedes y a todo Israel, que ha sido el nombre de Jesucristo Nazareno, a quien ustedes crucificaron y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su nombre, se presenta este sano ante ustedes.

Jesús es la piedra que desecharon ustedes, los arquitectos y que se ha convertido en piedra angular; ningún otro puede salvar y, bajo el cielo, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos”.

 

 

Salmo Responsorial (Salmo 117)

R/. La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.

 

Den gracias al Señor porque es bueno,

porque es eterna su misericordia.

Mejor es refugiarse en el Señor

que fiarse de los hombres;

mejor es refugiarse en el Señor

que fiarse en los jefes.

 

Te doy gracias, porque me escuchaste

y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos,

es ahora la piedra angular.

Es el Señor quien lo ha hecho;

ha sido un milagro patente.

 

Bendito el que viene en nombre del Señor,

le bendecimos desde la casa del Señor.

Tú eres mi Dios, te doy gracias,

Dios mío, yo te ensalzo.

Den gracias al Señor porque es bueno,

porque es eterna su misericordia.

 

 

Primera Carta de san Juan (1Jn 3,1-2)

 

“Queridos hermanos:

Miren qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no lo conoce a Él.

Queridos: ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es.”

 

 

Aleluya

 

Aleluya, aleluya.

“Yo soy el Buen Pastor –dice el Señor–, conozco a mis ovejas y las mías me conocen”.

Aleluya.

 

 

Evangelio de san Juan (Jn 10,11-18)

 

“En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:

- Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.

Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. Por eso me ama el Padre: porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para quitarla y tengo poder para recuperarla. Este mandato he recibido del Padre.”

 

 

Reflexión

 

El pueblo de Israel experimentó vivir en el desierto del Sinaí y en el desierto de Judea. Este es un ambiente inhóspito en el que escasamente se encuentra alguno que otro espino y que es lo que encuentran las ovejas, cabras y camellos para comer. Los beduinos o habitantes del desierto buscaban los sitios donde creciera alguna yerba para que comieran las ovejas y las cabras que tenían. Para el beduino, su vida giraba en torno a tres realidades que cubrían sus necesidades vitales:

- la tienda o carpa –que le daba cobijo, defensa, hospedaje, vivienda y vida familiar o del clan–,

- el rebaño –del que sacaba la carne, la comida, el vestido, la música, la fiesta, la pascua, el trabajo, etc.–,

- y el agua –sin ella es imposible la vida en el desierto; es imposible la supervivencia de las personas y de los rebaños; es necesaria para preparar los alimentos, para el baño escaso que se hace, para purificarse y para las medicinas, etc.–.

 

En este contexto Jesús expone la parábola del Buen Pastor. El Señor es el Buen Pastor, porque conoce a sus ovejas, conoce su pequeñez, sus debilidades y necesidades…; Él las ama y sus ovejas le conocen. Jesús es el Buen Pastor porque da la vida por las ovejas. Es la entrega de su vida la que consigue para él y para los suyos la nueva vida que le da el Padre: "Yo soy la puerta de las ovejas". Él es el Buen Pastor porque ha venido para que las ovejas tengan vida y la tengan en abundancia.

 

Hoy, al igual que en los tiempos de Jesús, vivimos una situación de descomposición moral generada y que a su vez genera violencia, corrupción, deseo de poder, tener dinero fácil, envidia, venganza, odio y hasta miedo. A los escribas y fariseos, Jesús les dice que son ladrones y bandidos, que no les preocupan sus ovejas, sino que entran para robar, matar y hacer estrago. Frente a ellos, Jesús proclama: "Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia". A Jesús no le basta una vida de malvivir, de arrastrarse, de caminar en el miedo o en las tinieblas, como ocurre con muchas gentes sencillas sometidas al "pastoreo" de estos hipócritas, devastadores de dignidad y vida. Jesús quiere que tengan vida y la tengan en abundancia.

 

Con frecuencia el evangelio se hace eco de los gritos de angustia de los pobres: "¡Señor, que vea!", "¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!", "¡Jesús, mi hija está en las últimas!", "¡Señor, no tengo a nadie!", "¡Si quieres puedes limpiarme!"... Son gritos de los pobres que se acercan a Jesús desde una vida dolorida y triste. Eran muchos gritos, muchos pobres malviviendo, mucha gente sencilla sometida al pastoreo depredador de escribas y fariseos. A Jesús le conmovía el espectáculo de las muchedumbres y "sentía lástima de la gente porque estaban como ovejas sin pastor", expuestos a muchos sufrimientos, a errores, a abusos de los poderosos, a peligros de malograr sus vidas. A Jesús le producían tristeza y dolor. Malograr una vida es algo muy serio y muy triste. Seguramente que alguna vez lo hemos visto con nuestros propios ojos cerca de nosotros. Es muy triste encontrarnos con jóvenes a los que sabemos que muy pronto serán reclutados por los violentos y matará la violencia, la droga o las enfermedades. Es triste ver cómo alguien está destrozando su matrimonio y su familia. Es triste ver a niños de los que tenemos el presentimiento que sus cumpleaños de joven los celebrará, cuando no en un grupo de violencia, en una correccional o cárcel. Es triste encontrarse con ancianos condenados a vivir abandonados de todos. Jesús sentía dolor por todos ellos y ese sufrimiento por los desgraciados del mundo lo acompañará hasta su muerte en la cruz.

 

Jesús deseó siempre curar las dolencias del pueblo, devolver la vida y la alegría, levantar las personas para que tuvieran vida abundante. Jesús es nuestro Buen Pastor y camina a nuestro lado, está interesado por nuestra vida, por lo nuestro. Él conoce nuestra intimidad, nuestras angustias, tristezas, frustraciones, nuestras luchas escondidas y dolorosas, nuestro sufrimiento y desesperanza. El Señor está listo a curar nuestras heridas, a levantarnos el ánimo para iluminar nuestro camino en las noches oscuras y fortalecernos en los momentos difíciles. Él se juega todo por nosotros, sin ningún interés, hasta dar su vida. Éste dar la vida, este Amor, por nosotros es lo más característico de su Misericordia y es la característica de los auténticos pastores.

 

Dios no quiere que haya ovejas muertas en sus rebaños, ni higueras estériles en sus dominios. A los pastores se les pide que se llenen de Dios, que abran su corazón y se pregunten: ¿están, en verdad, siendo padres, como el Padre bueno de la parábola del hijo pródigo? ¿Están haciendo, en verdad, que los talentos recibidos renten al máximo, como el siervo prudente en la parábola de los talentos? Recuerden que el Señor es exigente. Recuerden que los talentos confiados a ustedes son la esposa, el esposo, los hijos. Recuerden que quienes tienen bajo su cuidado a niños y niñas, jóvenes, enfermos… o quienes tienen como misión una parroquia o comunidad… el buen Pastor deja en el redil las ovejas buenas y sale, a pesar de los peligros, en busca de la oveja descarriada. ¿Eso hacen ustedes a semejanza del Maestro, a quien ustedes sirven? ¿Están muriendo, ustedes, en verdad, por las ovejas descarriadas? No olviden que morir es despojarse de todo lo que no es de Dios, para que Dios entre en cada uno, viva en ustedes, con ustedes, y desde ustedes, como el buen Pastor que es. Hay que tener en cuenta que sin Él nada podemos hacer y todo es inútil. De todo esto tendremos que dar cuentas a nuestro Pastor. Allí no servirán para nada las disculpas ni las explicaciones.

 

 

Fr. Luis Francisco Sastoque, o.p.