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(Psalms 139.1)

Ventana al Infinito. Copyright © 2011 - Universidad Santo Tomás - Todos los derechos reservados.  
 

 

 

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“Solemnidad de Cristo Rey del universo”

 

 

Solemnidad De Cristo Rey Del Universo A

 

 

Libro del Profeta Ezequiel (Ez 34,11-12.15-17)

 

“Así dice el Señor:

-Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas siguiendo su rastro.

Como un pastor sigue el rastro de su rebaño cuando se encuentra las ovejas dispersas, así seguiré yo el rastro de mis ovejas; y las libraré, sacándolas de todos los lugares donde se desperdigaron el día de los nubarrones y de la oscuridad.

Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear -oráculo del Señor Dios.

Buscaré las ovejas perdidas, haré volver las descarriadas, vendaré a las heridas, curaré a las enfermas; a las gordas y fuertes las guardaré y las apacentaré debidamente.

En cuanto a vosotras, ovejas mías, así dice el Señor Dios:

-He aquí que yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío.”

 

 

Salmo Responsorial (Salmo 22)

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta.

 

El Señor es mi pastor, nada me falta;

en verdes praderas me hace recostar.

Me conduce hacia fuentes tranquilas,

y repara mis fuerzas;

me guía por el sendero justo,

por el honor de su nombre.

 

Preparas una mesa ante mí

en frente de mis enemigos;

me unges la cabeza con perfume,

y mi copa rebosa.

 

Tu bondad y tu misericordia me acompañan

todos los días de mi vida,

y habitaré en la casa del Señor,

por años sin término.

 

 

Primera Carta de san Pablo a Los Corintios (1Cor 15,20-26ª.28)

 

“Hermanos: Cristo ha resucitado, primicia de todos los que han muerto. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo como primicia; después, cuando él vuelva, todos los cristianos; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza. Cristo tiene que reinar, hasta que Dios “haga de sus enemigos estrado de sus pies”. El último enemigo aniquilado será la muerte. Al final, cuando todo esté sometido, entonces también el Hijo se someterá a Dios, al que se lo había sometido todo. Y así Dios lo será todo para todos.”

 

 

Aleluya

 

Aleluya, aleluya.

“Bendito el que viene en nombre del Señor: Bendito el reino que viene de nuestro David.”

Aleluya.

 

 

Evangelio de san Mateo (Mt 25,31-46)

 

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

-Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre y todos los ángeles con él se sentará en el trono de su gloria y serán reunidos ante él todas las naciones.

Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.

Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha:

“Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.

Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.”

Entonces los justos le contestarán:

“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?, ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”

Y el rey les dirá:

“Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.”

Y entonces dirá a los de su izquierda:

“Apartaos de mí, malditos; id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me asististeis.”

Entonces también estos contestarán:

“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel y no te asistimos?”

Y él replicará:

“Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.”

Y éstos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna.”

 

 

Reflexión

 

Con la celebración de este domingo trigésimo cuarto del Calendario Católico, concluye el año litúrgico 2017. En este último domingo del año, celebramos la solemnidad de nuestro Señor Jesucristo, Rey de todo lo creado. La solemnidad de Jesucristo, Rey del universo, nos invita a repetir con fe: "¡Venga tu Reino, Señor!".

 

En las preguntas que hace Pilato a Jesús (cfr. Jn 18,33-35), Cristo afirma: "Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí" (Jn 18, 36). Así, ante la acusación de los sacerdotes, Jesús revela que se trata de otro tipo de realeza, una realeza divina y espiritual. Pilato le pide a Jesús una confirmación: "Conque, ¿tú eres rey?" (Jn 18, 37). Jesús le responde con toda claridad: "Soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz" (Jn 18, 37).

 

El Señor al afirmar que verdaderamente es rey, explica que Él no es rey como hasta ese momento lo entendían los miembros del Sanedrín, pues, Jesús no aspiraba a ningún poder político o económico ni de Israel ni del Imperio Romano. Su reino va más allá de los confines hasta entonces conocidos: “Todos los que son de la verdad escuchan su voz y lo reconocen como rey (cfr. Jn 18,37). Este es el reino de Cristo, un reino no de dominio, ni de hacer propaganda, ni de pasearse triunfante por las calles, sino que su reino llega y se implanta en el mundo sin hacer ruido, sin hacer bulla, sin hacerse propaganda. Su omnipotencia es el amor. Ser Rey para Cristo es sinónimo de servir, de amar, de promover la vida y la fe, es obedecer al Padre, es ser fiel, es dar testimonio de la Verdad.

 

Cristo revela el misterio de Dios y afirma que su Reino ya está presente, en medio del pueblo. Con la realización del Misterio de la Redención, con obediencia absoluta al Padre testimonia el poder del Padre sobre la creación y sobre el mundo. Y el lugar del ejercicio de su realeza es la cruz que abrazó en el Gólgota. Pero su muerte ignominiosa representa una confirmación del anuncio evangélico del reino de Dios. En efecto, a los ojos de sus enemigos esa muerte debía ser la prueba de que todo lo que había dicho y hecho era falso.

 

"Si eres el rey de Israel, bájate ahora de la cruz y creeremos en ti" (Mt 27 42). Jesús no se bajó de la cruz y dio la vida por toda la humanidad y la confirmación de su poder real se produjo al tercer día, cuando resucitó de entre los muertos, revelándose como "el primogénito de entre los muertos" (Ap 1, 5).

 

Así, pues, Cristo, obediente hasta la muerte y resucitando, tiene el poder sobre la muerte y el infierno (cfr. Ap 1, 18). En cuanto Cristo es vencedor de la muerte, del infierno y de satanás, es "el príncipe de los reyes de la tierra", como dice san Juan en el Apocalipsis  (cfr. Ap 1, 5). Mientras todas las cosas de este mundo están bajo el poder de la muerte, Cristo, que tiene las llaves de la muerte abre la puerta a la vida inmortal para todos los hombres y mujeres de todos los lugares y tiempos. Por esto Cristo es el alfa y la omega, el principio y el culmen de toda la creación.

 

La solemnidad de Cristo, Rey del universo, nos invita a repetir con fe la invocación del Padre nuestro, que Jesús mismo nos enseñó: "Venga tu reino".

 

¡Venga tu reino, Señor! "Reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz".

 

¡Venga tu reino, Señor! Reino, que es de los reinos que se arrebatan con violencia, pero no con la violencia que hagamos a los demás, sino con la violencia que nos hagamos a nosotros mismos; negándonos a nosotros y tomando nuestra cruz de cada día.

 

¡Venga tu reino, Señor! Ese que dijiste que era de los niños y de los que se hicieran como ellos. Esto quiere decir que los mayores tendremos que dejar de ser astutos, autosuficientes, expertos y vividores.

 

¡Venga tu reino, Señor! Aquel que has ocultado a los sabios y a los poderosos y lo das a los pequeños y a los sencillos. Lo que quiere decir que tu reino no lo has hecho monopolio de los listos, de los ricos, de los que tienen las armas, de los tramposos, deshonestos y ladrones, como son tantas veces los reinos de este mundo.

 

¡Venga tu reino, Señor! El reino que es liberación de las personas oprimidas por el mal y la tentación; que es la justicia y el pan cotidiano para todos los seres humanos; que es perdonarnos mutuamente y ser perdonados por ti, y es tu voluntad en la tierra y en el cielo.

 

¡Si quieres que Dios reine en ti, procura que de ningún modo continúe reinando el pecado en tu cuerpo mortal.

 

 

Francisco Sastoque, o.p.