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Todos tus caminos me son conocidos...

(Salmos 139.3)

Ventana al Infinito. Copyright © 2011 - Universidad Santo Tomás - Todos los derechos reservados.  
 

 

 



¡Verdaderamente Cristo ha resucitado!

 

¡Aleluya!

 

 

Con la certeza que da esta fe, junto con toda la Iglesia, anunciamos una gran alegría: "¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!" (Lc 24,34). Verdaderamente Cristo ha resucitado: ¡Aleluya!

 

Cristo dice: "El Padre me ama". ¡Sí! En ti, Cristo, el Padre amó al hombre, amó al mundo: Dios tanto amó al mundo, que te entregó a ti, Hijo unigénito, para que quien te acoja  mediante la fe, tenga la vida eterna (cfr. Jn 3,16). Tú tienes el poder de dar la vida por el mundo y de recuperarla de nuevo en la Resurrección. Tú tienes el poder de comunicar al mundo esta vida divina que hay en ti. Esta vida el mundo no la posee por sí mismo. Por sí mismo tiene sólo una vida sujeta a la muerte. Sólo tú tienes la vida inmortal, la vida que proviene de Dios. Pero Dios ama al mundo y te ama a ti que viniste al mundo. Por ti, el Padre da la vida a quienes están en el mundo. Y tú mismo lo quieres, oh Cristo Redentor nuestro. Tú quieres que "tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn 10,10)

 

Padre, Hijo y Espíritu Santo, Dios único e inefable, que seas glorificado por el mundo creado, por este mundo que es "teatro de la historia humana, con sus afanes, fracasos y victorias" (GS, 2), este mundo que ha sido liberado por ti, por ti, Cristo crucificado y resucitado. Gracias a ti el hombre, que vive en el mundo, ha sido hecho capaz de quebrar el poder del maligno, para ser transformado según el designio de Dios y alcanzar la perfección.

 

¡Oh Dios, que eres uno solo en la Trinidad de las Personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que seas glorificado por la redención del mundo, realizada en Jesucristo!

 

Proclamando una consoladora verdad pascual con las palabras del Concilio Vaticano II, la Iglesia entera se une a todos los hombres, ciudadanos de este mundo creado por Dios por amor, y anuncia con alegría que "Cristo resucitó; con su muerte destruyó la muerte, y nos ha dado la vida, para que, hijos en el Hijo, clamemos en el Espíritu: ¡Abbá, Padre! (Ib., 22). Que pueda la Humanidad actual, peregrina por los caminos del mundo, encontrar una nueva esperanza en esta fuente inagotable.

 

Que el anuncio pascual resuene con fuerza sobre todo allí donde la violencia, la angustia y la desesperación oprimen todavía a personas y familias, pueblos y naciones.

 

¡Cristo resucitó! Del sepulcro ya vacío brota la vida que vence las fuerzas de muerte que acechan a la existencia humana. Los creyentes deben actuar con valentía y entrega donde haya pobreza, hambre e injusticia; donde se atenta contra la vida, desde su nacimiento hasta su conclusión natural; donde la vida es despreciada y vilipendiada. Que los seguidores de Cristo nos sintamos comprometidos a dedicarnos sin demora al cometido laborioso y urgente de renovar la sociedad, trabajando confiados y concordes para impregnar el camino de la historia con los claros principios evangélicos, indispensables para hacer del mundo, de nuestro mundo, la patria acogedora de todo ser humano.

 

El Resucitado nos llama a todos sus discípulos a dar alegre testimonio de vida, de verdad y de justicia.

 

Sólo Tú, oh Cristo, tienes la vida inmortal que proviene del Padre celestial. Y hoy la ofrece de nuevo a todos y a cada uno.

 

La Iglesia peregrina en la tierra, consciente del deber de manifestar al mundo el rostro de la misericordia de Dios, clama hacia ti en nombre de todos los hombres angustiados. En ti, Señor resucitado, el Padre ha amado al hombre, ha amado a toda la Humanidad.

 

Tú, oh Cristo, nuestra esperanza, verdaderamente has resucitado. Concédenos, te pedimos, oh Rey glorioso, la vida plena y definitiva. Abre ante nosotros la puerta de la esperanza, de la esperanza que no defrauda.

 

Amén.

 

San Juan Pablo II