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¡LAS  MUJERES!

 

 

Las mujeres tienen fuerzas que a los hombres les asombra.

 

Ellas, cargan niños, penas y cosas pesadas, sin embargo tienen espacio para la felicidad, el amor y la alegría.

 

Ellas, sonríen cuando quieren gritar, cantan cuando quieren llorar, lloran cuando están contentas y ríen cuando están nerviosas.

 

Ellas, gozan cuando escuchan a su pareja avisando que llegó sano y diciéndole que la extraña.

 

Las mujeres tienen cualidades especiales: se ofrecen para las causas buenas, son voluntarias en hospitales, llevan comida a los necesitados; ellas trabajan como niñeras, amas de casa, abogadas y solucionan disputas entre niños y vecinos.

 

Usan trajes, vaqueros, uniformes y minifaldas.

 

Las mujeres recorren largos caminos para conseguir la mejor escuela para sus hijos y la mejor atención para la salud de su familia.

 

Ellas no aceptan un “¡NO!” como respuesta cuando están convencidas que hay una solución.

 

Ellas saben dar amor a su pareja y saben perdonar.

 

Son inteligentes y saben de su poder, sin embargo, saben usar su lado suave cuando quieren conseguir algo.

 

Las mujeres se alegran o lloran cuando se enteran de un nacimiento o matrimonio.

 

Saben que un abrazo, un beso y un “te amo” puede sanar un corazón roto.

 

Una mujer puede lograr que una mañana, una tarde o una noche cambie de color y se colme de alegría.

 

Las mujeres vienen en todos los tamaños, colores y formas; viven en casas, cuartos, cabañas.

 

Ellas corren, manejan, caminan o usan el e-mail.

 

El corazón de una mujer es lo que hace girar el mundo.

 

Todo lo que ellas quieren es un abrazo, un beso, una caricia, una llamada.

 

Las mujeres tienen mucho que decir y mucho para dar.

 

La belleza de la mujer no está en la ropa que lleve, la figura que tenga o la forma en que se peine. La belleza de una mujer debe verse en sus ojos, a través de ellos, porque es la puerta a su corazón, el lugar donde el amor reside. También se refleja en su alma.

 

Es el cuidado que ella le da a la pasión para estar con el hombre que ama a quien se entrega inocentemente.

 

Es el cuidado que ella le da a su amado cuando está enfermo o cuando le prepara una taza de té en las noches de invierno.

 

La belleza de una mujer con el paso de los años crece hasta el infinito.

 

 

(Víctor Manuel Yépez)