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¿FELICIDAD O PLACER?

 

 

Es tan difícil explicar la felicidad, que tendríamos tantas definiciones como individuos. Sin embargo, podemos diferenciarla del placer.

 

El ser humano no sólo siente dolor, sino que tiene conciencia del sufrimiento, sabe y percibe su diferencia. Tal vez esto marca una diferencia con el resto de los seres vivos. Pero también el ser humano tiene conciencia del placer, de lo que le produce bienestar. Y también en él se desatan los procesos bioquímicos de producción de serotonina y dopamina, neurotransmisores que llevan -cuando son apropiados- a un estado placentero o de tranquilidad.

 

Tendemos a buscar y repetir lo que nos produce placer. Una buena comida, un buen vino, el deporte, la meditación y algunas drogas que alteran el estado de conciencia llevan a repetir esa experiencia. Sin embargo, esta búsqueda ansiosa se puede convertir en una adicción.

 

Un adicto no es otra cosa que un buscador compulsivo del placer, que tiene un supuesto estado alterado de conciencia producido por el objeto o la conducta buscados. Por eso hay adictos al trabajo, al sexo, al dinero, a la comida o a la bebida, a las drogas y hoy también, al uso de la tecnología.

 

Dejemos que los expertos nos den luces sobre esto, y no solo como observadores, sujetos y a veces, objeto de placer, preguntémonos si hay alguna diferencia entre placer y felicidad. Creo que podemos concordar que todos queremos ser felices. ¿No es cierto? Pero ¿qué es la felicidad?

 

Cuando hay un objeto del placer este cesa en el momento en que el objeto se agota o desaparece. Es como una vela de cera encendida. Habrá luz de la vela mientras la llama consume la cera, así es el placer. Por supuesto, es natural y bueno que sintamos placer, que lo disfrutemos y que lo busquemos, pero teniendo la claridad de que un apetito desordenado por ese objeto de placer nos llevará al descontrol, al sufrimiento y a la ruina. Ese es siempre el final del adicto.

 

¿Por qué hay gente que vive solo con lo esencialmente necesario y rebosa felicidad? ¿Por qué hay personas que en medio de una penosa enfermedad transmiten una misteriosa paz interior? ¿Por qué los ancianos, para quienes ya la fogosidad de la juventud es un recuerdo, se ven plenos en su encuentro con la pareja? ¿Por qué hay gente que no requiere del alcohol o de drogas para estar felices?

 

Sinceramente, creo que es porque el placer nace de la mente, del condicionamiento, mientras que la felicidad es una experiencia del espíritu. El placer lo produce un objeto de placer y la felicidad nace de la conciencia del ser.

 

La felicidad no es ausencia de problemas, ni de sentimientos o emociones dolorosas. Tampoco es la inexistencia de retos y de los pequeños o grandes fracasos que se nos presentan en el transcurrir de la vida. Si entendemos que solo sufrimos (hablo de sufrimiento emocional) por haber perdido o por temor a perder, quizá comprendamos que la razón del sufrimiento está afuera y que nuestra esencia como ser no puede ser tocada.

 

Es imposible no sentir, pero es posible evitar que el sentimiento nos maneje y nos esclavice. Tratemos de descubrir en nuestra propia experiencia la diferencia entre placer y felicidad.

 

 

(Ramiro Valencia, en “Avianca en revista”, No. 45 del 2017, p. 78)