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“No temas la Luz de Cristo”

Vigilia Pascual

 

 

Misa De La Vigilia Pascual

 

 

Al comienzo del Prólogo del Evangelio de san Juan encontramos esta afirmación: "La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la sofocaron" (Jn 1,5), que sintetiza clara y sencillamente el drama del rechazo de Cristo en el momento de su venida al mundo. Pero en esta noche, al igual que en la noche de Pascua -según las Escrituras y más allá de toda humana espera- verificamos lo contrario: la luz vence a las tinieblas.

 

Este es el primer gesto simbólico de la solemne Vigilia Pascual: el diácono lleva el cirio, símbolo de Cristo Luz del mundo, al interior del templo inmerso en la oscuridad. Del "fuego nuevo" de este cirio se encienden, poco a poco, las llamitas de las velas de los fieles que participan en la celebración, hasta que el templo se encuentra lleno de luz. El diácono, entonces, canta el Pregón Pascual, que es el himno a Cristo-Luz. En la noche se eleva la alabanza al Redentor, que de las tinieblas nos ha conducido a la admirable luz de Dios (cfr. 1Pe 2,9).

 

"¡Oh Feliz culpa, que mereció tener tan gran Redentor!" (Pregón pascual). ¡Son tan grandes la alegría y la maravilla por la salvación recibida como don, que la culpa misma aparece digna de ser bendecida!

 

Mientras las tinieblas son el símbolo del pecado y de la muerte, la Luz es el símbolo de la Vida que vence a la muerte.

 

La noche de Pascua, "noche bienaventurada", es testigo de esta victoria.

 

Como lo narra el evangelio, "fueron las tres Marías, llevando valiosos ungüentos para ungir el cuerpo de Cristo, y alabarlo y glorificarlo. Caminando se decían entre ellas: hay una piedra muy grande, ¿quién nos la quitará?"(¿Acaso será la losa o la piedra del pecado?). Las mujeres que llegaron al sepulcro las primeras, vieron removida la losa. Y se les apareció un ángel: "No teman; sé que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí. Ha resucitado" (Mt 28, 5-6).

 

Nosotros los cristianos sabemos que en Pascua los símbolos ceden el paso a la realidad: Como afirma san Juan en el Prólogo a su evangelio, "La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la sofocaron" (Jn 1,5): Han matado a la Vida, la han clavado en una cruz. Pero "en él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres" (Jn 1,4). Y ahora la luz finalmente resplandece en Cristo resucitado. Semejante a lo que se vive al inicio de la celebración de la Vigilia Pascual, era necesario que se hiciese "oscuridad en toda la tierra" (Mt 27,45), para que la Luz brillase en todo su fulgor. La Vida tenía que morir, para que pudiese vivificar todas las cosas.

 

En la Vigilia Pascual, la Iglesia nos recuerda las palabras de san Pablo: "Cuantos hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte. Por lo tanto, por medio del bautismo, hemos sido sepultados junto a él en la muerte, para que como Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros podamos caminar en una vida nueva... Si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él... considerados muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús" (cfr. Rm 6,3-4.8.11).

 

¡Nadie ha de temer la luz de Cristo! El Evangelio es luz que desarrolla y realiza plenamente todo cuanto hay de verdadero, de bueno y de bello en toda cultura humana. El Evangelio de Cristo es para la persona humana, para la vida, para la paz y para la libertad de todo hombre y mujer y de todo el ser humano. De esto, el cristiano es testigo, animado por el Espíritu Santo que ha sido derramado con abundancia en su corazón.

 

Bautismo significa "inmersión". Ser bautizados significa ser "inmersos" en el misterio del Amor de Dios, que fluye del corazón traspasado del Crucificado. La gran Vigilia Pascual es, en el año litúrgico, el momento bautismal por excelencia. En ella el símbolo de la luz se une al del agua y recuerda que todos nosotros hemos renacido del agua y del Espíritu Santo, para participar en la vida nueva, revelada mediante la resurrección de Cristo el Señor. "En Él está la vida, y la vida es la luz de los hombres" (cfr. Jn 1,4). La noche de la Vigilia Pascual es la Noche verdaderamente dichosa, que lleva a hombres y mujeres la luz de Cristo. ¡Es la Noche que resplandece sin límites e ilumina de esperanza y de paz todos los corazones y los confines de la tierra!