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FORMULAS PARA QUE SU HIJO NO SEA UN AMARGADO

 

(Los niños necesitan orientación para cultivar su sentido del humor. Y

es que éste no sólo les ayuda a alejar la tristeza, sino que les sirve

para comunicarse mejor y establecer lazos de amistad sólidos en el futuro).

 

 

¿Quiere saber cuál es el mejor tratamiento anti-estrés?

Definitivamente, es reír. Una buena risa anula la ansiedad y el dolor, porque sencillamente usted no puede reaccionar físicamente al placer y a la tensión al mismo tiempo.

 

El buen humor también hace más cercanas y sanas a las familias, según quedó demostrado en la investigación realizada por el sicólogo John DeFraín, profesor de Ciencias Familiares en la Universidad de Nebraska, en Lincoln.

 

El sentido del humor que le ayude a desarrollar a sus hijos desde la infancia, puede ser uno de sus mejores amigos en las etapas más turbulentas y difíciles de su vida. ¡Y qué mejor satisfacción que saber que fue usted quien los encaminó y les cultivó su lado sonriente, chistoso y luminoso.

 

Para inculcarle a su hijo este sano hábito anti-estrés, a continuación, le presentamos una guía edad por edad.

 

DESDE EL NACIMIENTO HASTA LOS 18 MESES

 

La sonrisa o la carcajada constituyen una maravillosa forma de comunicación para el bebé que aún no habla. Además, le permiten saber a él que usted está haciendo algo importante para ayudarlo a crecer.

 

"Yo te miro y sé inmediatamente que eres alguien especial", parece que expresara el bebé en silencio. Luego, usted le retorna el cumplido, deleitándose con sus risotadas y buscando más y mejores formas para hacerlo reír y desarrollar todavía su madurez mental.

 

* En los primeros 6 meses, su bebé disfrutará diferentes clases de diversión: cosquillitas o mordisquitos en el dedo gordo del pie, mientras usted mide muy bien sus reacciones asegurándose de que él esté de verdad pasándola bien.

* De los 6 a los 12 meses, a él le fascinará que usted le gatée como un bebé, le hable con voces destempladas o le haga grandes ojos y caras divertidas.

* Entre los 9 y 12 meses seguramente ya está listo para participar en juegos en los cuales no sólo se le enseñe a imitar, sino también se use el humor para ayudarle a manejar su ansiedad, sobre todo cuando se encuentra solo.

* De los 12 a los 18 meses se recomiendan juegos que comprendan momentos de incertidumbre, seguidos por rápidos momentos de relax. Un ejemplo: ocúltese un instante y reaparezca. Finalice con un gran abrazo de estímulo.

 

DE 18 MESES A 3 AÑOS

 

Las habilidades verbales de su bebé van creciendo día a día, de tal manera que él le adorará cuando usted le dé un grito incongruente o chistoso a una palabra que conoce. Por ejemplo, pensará que es muy gracioso el hecho de llamar a su perro "el zorrito Juan".

 

Intente borrar los momentos de miedo y desagrado de su bebé, haciéndole chistes diversos. Llámelo, por ejemplo, "patito feo" mientras usted le lleva sobre los hombros en la piscina. Esto, además de divertirlo, le hará olvidar el terrible miedo que le tiene al agua.

 

Introduzca a sus niños en el mundo de los juegos con un alto sentido del humor, haciéndoles sentir que son lo suficientemente capaces de conseguir muchos amigos. Y de sentirse ampliamente satisfechos consigo mismos.

 

A partir de esta edad, los niños ríen, aman la diversión física, disfrutan jugar a las cosquillitas y se excitan con actividades al aire libre como deslizarse por los rodaderos.

 

DE 3 A 6 AÑOS

 

Esta es una edad donde reinan las adivinanzas, los acertijos, los enigmas y los chistes que tienen que ver con el baño. Esta tendencia de los preescolares tiene una muy buena razón: el aprendizaje de esas labores (control de esfínteres) y los "accidentes" que conlleva, son sumamente estresantes para los pequeños. Por eso, palabras como popó y pipí, les ayudan a los niños a soltar tensiones, de la misma manera que los adultos usamos, por ejemplo, chistes verdes para superar temas que tienen nivel de tabú.

 

Pero, aunque el humor de "baño" en esta edad es normal y natural, usted no debe prolongar dicho hábito. Si su niño cuenta chistes de ese tipo en la mesa del comedor, déjele bien claro que esta clase de humor es inaceptable.

 

Se sigue sin hacer caso, haga su mayor esfuerzo por ignorarlo olímpicamente. Cuando él no logra acaparar la atención, seguramente desarrollará un sentido más aceptable del humor, en la medida en que van dejando de acontecerle dichos accidentes.

 

* Otra forma de humor muy natural para los preescolares, son las adivinanzas. En esta etapa, su hijo ya tiene suficiente información y sofisticación cognoscitiva para descubrir la tontería en una adivinanza como: "¿Por qué el elefante se pintó las uñas de rojo? ¡Para esconderse en un sembrado de fresas!".

 

Así, pues, cómprese un buen libro de adivinanzas. Y para que la práctica sea perfecta y completa, motive a su pequeño a referirle sus adivinanzas favoritas (también sugiérale que se las cuente a sus animalitos de peluche).

 

DE 6 A 9 AÑOS

 

La pequeña Margarita de 8 años llegó del colegio y entró por la puerta murmurando: "Mami, a nadie le gustó mi lección oral". Pensando rápidamente, esmeralda, su mamá, respondió suplicante y arrodillándose a sus pies: "Margarita, yo sé lo mal que te sientes, pero ¡por favor continúa en el colegio! Y sólo para demostrarle cuánto lo siento, jugaré contigo monopolio y parqués cada vez que quieras".

 

Una risueña Margarita le respondió: "¡Bravo! Me gustaría tener más a menudo días malos como Este". Es bien importante entender y reconocer el dolor que sienten nuestros hijos después de pasar por una mala experiencia. Sin embargo, una vez que usted lo ha hecho, trate frívolamente de aliviar su dolor, haciéndolos recapacitar y ponerse en perspectiva.

 

Demuéstrele a su hijo que nadie es perfecto: "¡Ahhh, caray! Dejé otra vez las llaves del carro dentro del refrigerador". Así, él aprenderá que todo el mundo quiere y acepta a una persona que sabe reírse de sí misma.

 

Los comics y cuentos para jóvenes son perfectos porque traen adivinanzas y acertijos más sofisticados, así como chistes de doble connotación (en el buen sentido de la palabra), los cuales le ayudan a pulir aún más su propio humor.


DE 9 A 12 AÑOS

 

Pedro Felipe y Andrés, de 11 y 12 años de edad respectivamente, se carcajeaban estruendosamente en el asiento trasero del automóvil familiar. "¡Muchachos! -gritó su padre-, si están otra vez contándose chistecitos picantes, estoy dispuesto a dejarlos sin voz de una vez por todas".

 

Los preadolescentes tienen un sofisticado sentido del humor, en el cual se aprenden todas las historias que parecen muy divertidas, pero que a usted le obligan a guiarlos en este aspecto.

 

Si los escucha contando chistes racistas o que denigren de las condiciones o calidades de otros, utilice esto como pretexto para plantear una discusión productiva y constructiva sobre el tema. Recuérdeles, por ejemplo, que burlarse o menospreciar a alguien en un chiste, hiere la susceptibilidad de otros.

 

Apele a su comprensión, preguntándoles: "¿Cómo se sentirían si alguien los pusiera a ustedes por el suelo?"

 

Sus preadolescentes podrían también tratar de contar los famosos chistes de clasificación X o vulgares; los cuales ellos creen que los hacen más sofisticados (aunque la mayoría de las veces ni siquiera los entiendan).

 

Generalmente los padres odian este tipo de cuentos, así que por favor controle sus reacciones. Y al mismo tiempo déjele saber a sus hijos que usted y su esposo están listos para responderles cualquier inquietud que ellos puedan tener sobre el sexo.

 

 

(Desconocido)