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Sexto Domingo De Pascua B PDF Print E-mail
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“El Amor es la distinción del cristiano”

 

 

Sexto Domingo De Pascua B 2018

 

 

Libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 10,25-26.34-35)

 

“Aconteció que cuando iba a entrar Pedro, Cornelio salió a su encuentro y se echó a sus pies. Pero pedro lo levantó diciendo:

- Levántate, que soy un hombre como tú.

Y, tomando de nuevo la palabra, Pedro añadió:

- Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea.

Todavía estaba hablando Pedro, cuando cayó el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban sus palabras.

Al oírlos hablar en lenguas extrañas y proclamar la grandeza de Dios, los creyentes circuncisos, que habían venido con Pedro, se sorprendieron de que el don del Espíritu Santo se derramara también sobre los gentiles.

Pedro añadió:

- ¿Se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?

Y mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo.

Le rogaron que se quedara unos días con ellos.”

 

 

Salmo Responsorial (Salmo 97)

R/. El Señor revela a las naciones su justicia.

 

Cantad al Señor un cántico nuevo,

porque ha hecho maravillas,

su diestra le ha dado la victoria,

su santo brazo.

 

El señor da a conocer su victoria,

revela a las naciones su justicia:

Se acordó de su misericordia y su fidelidad

a favor de la casa de Israel.

 

Los confines de la tierra han contemplado

la victoria de nuestro Dios.

Aclama al Señor, tierra entera,

gritad, vitoread, tocad.

 

 

Primera Carta de san Juan (1Jn 4,7-10)

 

“Queridos hermanos:

Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios mandó al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo, como propiciación por nuestros pecados.”

 

 

Aleluya

 

Aleluya, aleluya.

“Si alguno me ama guardará mi palabra, dice el Señor: y mi Padre lo amará, y vendremos a él.”

Aleluya.

 

 

Evangelio de san Juan (Jn 15,9-17)

 

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

- Como el padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.

Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.

Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.

Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido; y os he destinado para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto dure.

De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dé.

Esto os mando: que os améis unos a otros.”

 

 

Reflexión

 

Hoy todo en la Misa nos habla de amor. Pero saliendo del templo y mirando a nuestro alrededor descubrimos un mundo, una sociedad marcada por el des-amor: corrupción, injusticias, infidelidades, narcotráfico, trata de blancas y niños, secuestros, atracos y robos, violencia, muerte... Esta situación nos puede hacer caer en un sentimiento de pesimismo y desamparo.

 

Sin embargo, la promesa del Espíritu Santo hecha por Jesús a sus discípulos se realiza continuamente en la Iglesia. El Espíritu Santo actúa libremente como lo demuestra el episodio narrado en la primera lectura: el don del Espíritu Santo se da incluso en la casa de un pagano, Cornelio. Pedro se convence que "Dios no tiene preferencia alguna de personas".

 

Quien toma la iniciativa de llamar a los hombres para que entren a formar parte del pueblo de los bautizados es siempre Dios; su iniciativa se llama amor y quiere reunir a todos los hombres en un solo pueblo, en un solo rebaño, en la Iglesia. Esta es la consigna que también Jesús ha dejado a sus discípulos. Y en esta línea debe desarrollarse la obra de la Iglesia.

 

El inalienable derecho a la libertad religiosa, fundado sobre la dignidad de la persona humana, ha sido asumido por la Iglesia. Pero hay que tener claro que la Iglesia no opta por un liberalismo doctrinal que pretenda la igualdad de todas las religiones, ni renuncia a evangelizar, sino que reconoce en el pluralismo de la sociedad moderna una situación que no es opuesta al Evangelio.

 

La preocupación de san Juan por la joven Iglesia a quien dirige su carta era que la caridad reine entre los distintos miembros de la comunidad, para que sea conocido por todos el amor de Dios manifestado en el envío del Hijo Santo de Dios. Este amor es la distinción del cristiano.

 

Nuestra comunidad debe ser también una comunidad abierta a todos: a los no cristianos, a los poco convencidos, a los indiferentes, a quienes se encuentran en situación de búsqueda... De una parte, la pertenencia visible de los cristianos a la Iglesia mediante el bautismo, la explícita profesión de fe en el Señor que tiene su vértice en la Eucaristía, deben mostrar a todas las personas el objeto de su búsqueda y el término de su vida espiritual. De otra parte los creyentes, deben renovar continuamente su disponibilidad a vencer la tentación de no dialogar con los que están fuera del área cristiana, a recordar que "quien teme a Dios y practica la justicia, así pertenezca a cualquier pueblo, es a Él acepto. Quien se encuentra dentro de la asamblea cristiana debe sentirse como en la propia casa, en familia, en la que puede encontrar el conocimiento de Dios.

 

 

Francisco Sastoque, o.p.