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Píldora De Meditación 237 PDF Imprimir E-mail


¿Cómo saber ayudar a los hijos a ser todo

 

aquelloque pueden llegar a ser

 

sin proyectar en ellos lo que el padre o la madre

 

creen debe ser?

 

 

Observándoles. Esa canción de Serrat que dice… ahora no recuerdo exactamente la letra, pero dice que les vamos dando a cucharadas nuestras frustraciones. ¿Cuántos niños y niñas acaban ejerciendo profesiones que no les interesan un pepino pero que lo hacen para consolidar un modelo de negocio familiar o una estirpe profesional empresarial y que acaban, algunos afortunadamente, revelándose a los cuarenta y generando el trauma familiar que se podría haber salvado con mucha más dignidad si se hubieran tenido en cuenta las verdaderas necesidades e inclinaciones de esa niña o ese niño? Antes lo decíamos, en relación a la palabra. Sabiendo escuchar, y escuchar no es solo un ejercicio de apertura de oídos, es un ejercicio de apertura de espíritu. Mi hija mayor está estudiando Bellas Artes y Psicología en Estados Unidos. Ya de pequeña, Laia, cuando íbamos a pasear por el bosque, recolectaba piedras, troncos, ramitas, materiales que para otros pasaban inadvertidos, pero ella era capaz de ver una belleza asombrosa en una hoja de roble, y luego le pasaba un hilo de una brizna de hierba, le ponía dos o tres margaritas, lo cerraba con una bellota en medio, hacía lo mismo, y hacía un collar orgánico… Esa niña tenía naturalmente una habilidad manual y artística que hoy está ejerciendo. Y, como la escuchamos, la apuntamos a talleres de alfarería, de lacado, de cerámica, de pintura, y hoy es una persona que expresa su creatividad de manera natural, pero bien guiada por una aproximación educativa que ni su madre ni yo quisimos frustrar, porque vimos que era evidente que era su vocación. Observemos, contemplemos. Creo que nos da miedo detenernos, creo que nos da miedo pararnos, creo que nos da miedo mantenernos en atención flotante sin aparentemente nada que hacer, cuando, a veces, es el espacio de mayor fertilidad y creatividad para nosotros y para los demás. Pascal decía que la gran parte de los problemas de la humanidad vienen por la incapacidad del ser humano de estar sentado en una silla en una habitación, y mientras estás sentado, observa a tus hijos. Y, sobre todo, dejar de proyectar. Es decir, cuestionarnos en qué medida ese niño hace esa actividad deportiva porque nosotros queríamos ser un gran futbolista. ¿Estás teniendo en cuenta a ese ser humano único y excepcional, o estás haciendo que compense tus faltas? Entonces, si quieres liberarlos, cuestiónate. Hay que tener el coraje de cuestionarlo todo, tu religión, tu padre, tu madre, a ti mismo, porque cuestionar no implica matar, es cuestionar. Porque si no caemos en dogmas conscientes o inconscientes que lo que hacen es perpetuar el sufrimiento. La pregunta que tendríamos que hacernos muchas veces es: ¿Qué es lo que tengo que aceptar? Que mi hijo no es como yo, que quiere otras cosas. Pues qué bien, cuánto puedo aprender de ella o de él.

Ps. Álex Rovira