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SAGRADO CORAZON

 

 

El próximo viernes 28 de junio, la Iglesia colombiana celebra la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Es la fiesta nacional de acción de gracias, en la que se renueva una vez más la consagración de Colombia al corazón misericordioso del Señor.

 

Una persona con corazón es una persona profunda y a la vez cercana; entrañable y comprensiva, capaz de sentir emociones a la vez ir al fondo de las cosas y los acontecimientos.

 

El corazón ha simbolizado para la gran mayoría de las culturas el centro de la persona, donde vuelve a la unidad y se fusiona la múltiple complejidad de sus facultades, dimensiones, niveles, estratos: lo espiritual y lo material, lo afectivo y lo racional, lo instintivo y lo intelectual. Una persona con corazón no es la dominada por el sentimentalismo, sino la que ha alcanzado una unidad y una coherencia, un equilibrio de madurez que le permite ser objetiva y cordial, lúcida y apasionada, instintiva y racional; la que nunca es fría, sino siempre cordial, nunca ciega, sino siempre realista.

 

Tener corazón equivale para el hombre antiguo, ser una personalidad integra.

 

El corazón es el símbolo de la profundidad y de la hondura. Sólo quien ha llegado a una armonía consciente con el fondo de su ser consigue alcanzar la unidad y la madurez personales.

 

Jesús, el hombre para los demás, “tiene corazón” porque toda su vida es como un fruto logrado y abundante, un fruto rebosante de sabiduría y santidad. Su corazón no es de piedra, sino de carne (Ez 11,19). Su vida es un signo del buen amar, del saber amar.

 

Pero, sobre todo, Jesús en su corazón ha puesto la fuente del Espíritu que brota como agua fecunda hasta la vida eterna (Jn 7,37; 19,34).

 

En esta Fiesta del Sagrado Corazón, se recuerda cómo Dios es un Dios Misericordioso. Mejor aún, Dios es la misma Misericordia. Él nos ha amado desde siempre y su amor no tiene límite alguno. Esto lo podemos comprender si miramos el corazón ardiente del Señor que se encarnó por obra del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María para estar más cerca de nosotros; que subió al Calvario para darnos la prueba más grandiosa de su amor: "nadie tiene amor más grande que el que da la vida por su amigo". Su amor sin límite, le llevó a no dejarnos solos aquí en este mundo que todos tenemos que recorrer; Él se quedó a nuestro lado, se quedó como alimento en la santa Eucaristía; Él nos dejó al Espíritu Santo para que nos asistiera con la Gracia y nos regalara sus siete dones para poder vivir plenamente el evangelio en medio de los peligros de este mundo; estos dones, que son bendición y gracia son: sabiduría, entendimiento, ciencia, consejo, fortaleza, piedad y temor de Dios. Tan grande y desbordante de amor es su corazón que se ha comprometido con nosotros a ser mediador entre Dios y los hombres; Él antes de partir para el Padre nos dijo: "Todo lo que pidan al Padre en mi nombre Él lo concederá"; también nos dijo, para fortalecer nuestra esperanza: "yo estaré con ustedes, con cada uno, hasta el fin de los tiempos". Y, todavía para que no dudáramos afirmó: "el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán", su palabra se cumple, él nunca nos abandona, él nunca nos falla.

 

Por esto, dejémonos amar por Él que es Misericordioso; abramos nuestro corazón para que su amor inunde de luz y de amor todo nuestro ser.

 

Tenemos que recordar que el amor misericordioso del corazón de Jesús es infinito. Por esto acércate a Él para pedirle perdón y para recomenzar una verdadera vida cristiana, en la que sólo brille la misericordia y el calor del corazón de Jesús.

 

En la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús tomemos conciencia de esta realidad: El lenguaje del corazón sólo se entiende con el corazón. Para comprender el misterio del amor del Señor tenemos que acercarnos a Él de corazón a corazón; es decir, en el amor.

 

El corazón de Jesús está abierto. Dios no ha tenido ningún secreto para con nosotros. Su amor ha sido franco, abierto, sincero, pleno.

 

Cuando observamos las imágenes que los artistas han hecho del Sagrado Corazón, sea por inspiración divina o por la gracia de una visión celestial, vemos que el Señor con su mano izquierda está indicando su corazón como queriendo cogerlo para dárnoslo, para decirnos que su amor por nosotros es total, es absoluto, es infinito. Que Él no quiere darnos solo cosas, sino que quiere darse completamente a nosotros. Y la mano derecha la tiene extendida hacia nosotros queriendo decirnos que está ansioso, tiene sed, de recibir nuestro pobre corazón.

 

La persona, quizá tú mismo has tenido ya esta dura experiencia: Si hay dolor grande en un corazón enamorado es la indiferencia, la infidelidad. Es un dolor moral muy profundo. Se muere de amor por el desaire, el desprecio, la infidelidad...

 

Ahora te invito a que pensemos en nuestra realidad con el Señor que ha entregado todo, incluso su vida por nosotros porque está enamorado infinitamente de cada uno; por eso vino a nosotros, por eso murió, por eso se quedó en la Eucaristía, por eso nos dejó al Espíritu Santo, por eso nos dejó a la Iglesia católica... Y nosotros ¿cómo le hemos respondido? Como dice el adagio o refrán popular, "amor con amor se paga". Tú, ¿qué has hecho con el amor de Cristo, el amor de Dios que has recibido? ¿Cómo ha sido tu pago al amor de Dios? La única respuesta sensata que tenemos es: te hemos respondido con infidelidad e indiferencia. Ahora sí podemos comprender cuán grande es el sufrimiento que hemos causado en el corazón santísimo del Señor, que se ha entregado hasta la muerte por nosotros. Hemos cambiado el amor de Dios por amores pasajeros, por amores superficiales de discoteca, de paseo, de vacaciones, de televisión. Cuánto dolor el de Cristo que se ha entregado hasta la muerte por nosotros y ahora nosotros le pagamos con esta actitud.

 

Sin embargo el amor de Cristo es tan grande que está a la espera de que le abramos nuestro ser, para que Él pueda entrar allí e inundarlo con su Gracia, con su amor, con su misericordia, con su luz, con su calor...

 

El amor de Dios es infinito, porque es el mismo Dios. San Juan ha dicho que Dios es amor. Si el amor de Dios penetra e inunda nuestro ser -Dios inunda nuestro ser- y este amor es infinito, extenso, no lo podremos guardar dentro, brotará por nuestros poros. Es lo que siente, lo que experimenta san Pablo cuando exclama, "es que no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí".

 

Recuerda: el pecado es lo contrario del amor, es lo que Dios rechaza, lo que Dios quiere que no hagamos.

 

 

Francisco Sastoque, o.p.