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Píldora De Meditación 286 PDF Imprimir E-mail


EL MIEDO Y LA FE

 

“Y Jesús les dijo: ¿Por qué están

así asustados? Qué poca fe

tienen.” (Marcos 4,35-40; Mt 14,22-31)

 

 

Todos los seres humanos experimentamos miedos, temores y fobias; pero cada uno de nosotros reaccionamos diferente frente a cada cosa, a cada situación, a cada persona.

 

El miedo es un sentimiento de inquietud causado por un peligro real o imaginario; cuando hablamos de miedo es importante destacar el rol que juega la imaginación, ya que esta se convierte en un poderoso aliado. Debido a esto, el miedo se vuelve real; aportando consecuencias emocionales y hasta físicas.

 

Veamos esta realidad en los discípulos de Jesús: ellos eran pescadores experimentados, que conocían muy bien el Mar de Galilea, donde vivían y trabajaban desde niños. A pesar de ello, enfrentaron una crisis personal de miedo que los llevó incluso al pánico a causa de una gran tormenta desatada en medio del lago. Las circunstancias eran reales, pero su imaginación los llevó a creer que morirían ese día.

 

Los discípulos estaban con Jesús, el Maestro, y aunque en muchos momentos anteriores lo habían visto hacer muchos milagros, su inseguridad no les permitió creer que la situación que ahora estaban pasando, también la tenía Él en sus manos. Así, el miedo se fue tornando en angustia y pánico, y lo que había comenzado en uno o dos discípulos, rápidamente contagió a todo el grupo. Aunque la tormenta era real, el temor la convirtió en una amenaza mortal que los amedrentaba y afligía, al punto de perder toda esperanza de sobrevivir.

 

Jesús entonces, los confrontó con su falta de fe, atribuyendo a esto, el principal motivo de todos sus problemas.

 

Muchas veces nosotros también experimentamos este tipo de situaciones, como cuando sentimos miedo a la enfermedad, a la soledad, a la crisis económica, miedo a la gente, miedo al fracaso, al futuro, a la muerte…, y creemos que Jesús se ha desentendido de lo que nos sucede.

 

Nuestros miedos pueden convertirse en verdaderas tormentas internas, pero la palabra de Dios nos ratifica que el remedio para este mal es la fe, y ésta puede llegar a ser el recurso más poderoso e inquebrantable cuando se trata de hacer frente a la vida.

 

En circunstancias como esta, las expresiones más reiterativas del Señor a sus seguidores es: ¡No temas!, ¡esfuérzate y sé muy valiente! Porque el temor y más el miedo, inhiben al hombre a actuar y poder cumplir una misión. El temor se manifiesta cuando hay ausencia de Dios. ¡Qué terrible sentirnos solos! Por eso el Señor nos promete su presencia diciéndonos: “¡no temas, porque yo estoy contigo!”.

 

Que la presencia de Dios te acompañe hoy y siempre y que la gracia de su amor te siga todos los días de tu vida.

 

 

Francisco Sastoque, o.p.