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Aprendamos un poco acerca de la historia

 

del Santo Rosario

 

 

Aprendamos Algo Más Del Santo Rosario

 

 

Cuando se acerca alguien al rezo del santo Rosario, surge la pregunta ¿a quién se le ocurrió repetir las avemarías tantas veces? y ¿Qué sentido tiene la repetición de avemarías y padrenuestros?...

 

Cada vez que alguien reza un avemaría en la oración del santo Rosario, es como si colocara una preciosa rosa en el mejor jarrón para la Virgen María.

 

Estoy seguro que tú y muchísimas personas más en el mundo conocemos esta bella oración que es el santo Rosario.

 

Al inicio del mes de octubre o “mes del Rosario”, como en el mundo cristiano se le denomina, cae bien recordar una bonita leyenda sobre el origen de esta apreciada plegaria dirigida a María santísima.

 

Cuentan que, en el comienzo de la comunidad religiosa de los padres dominicos, en el siglo XIII, un fraile o hermano “lego” (que hoy corresponde al hermano “cooperador”), que era aquel religioso que no recibía el Orden del presbiterado y en ese entonces no sabía leer ni escribir. Esto le impedía participar en el rezo diario y solemne de los Salmos, actividad religiosa esencial en el diario vivir de los frailes en los conventos dominicanos. Esta hermosa costumbre de la celebración diaria de la Eucaristía y el rezo solemne del Oficio Divino (rezo de los salmos), hoy, después de más de ochocientos años de existencia, la comunidad dominicana la mantiene viva en el corazón de las casas y Conventosde la Comunidad en todo el mundo.

 

En aquel entonces, siguiendo con la leyenda en mención, nuestro hermano Lego, cuando terminaba sus labores diarias de portero, barrendero, hortelano, etc... se dirigía a la capilla del convento y se arrodillaba frente a la imagen de la Virgen María y recitaba 150 avemarías, el mismo número de los salmos. Luego se retiraba a su habitación conventual a descansar.

 

Por la mañana, de madrugada, se levantaba antes que todos los otros religiosos y apresuradamente pasaba a la capilla para repetir su costumbre de saludar a la Virgen. El Prior del convento (el primero entre los hermanos de la comunidad) notaba que todos los días, cuando él llegaba a la capilla para la celebración del rezo de los salmos y oraciones de la mañana con todos los otros religiosos, se sentía un suave y exquisito olor a rosas recién cortadas. Esto le causó mucha curiosidad, por lo que preguntó a todos los religiosos quién estaba encargado de adornar tan bellamente el altar de la Virgen. La respuesta unánime de la comunidad fue que ninguno lo hacía y, además, los rosales del jardín permanecían con todas sus flores.

 

Cierto día el hermano Lego enfermó gravemente y esa mañana no pudo ir a la capilla conventual. Cuando llegó la comunidad al rezo de los salmos, todos los religiosos notaron que el altar de la Virgen no tenía las rosas acostumbradas y tampoco se percibía el agradable olor a rosas de otras mañanas. Así, dedujeron que era el hermano Lego quien ponía las rosas. Sin embargo, todos se preguntaban: Pero ¿cómo? ninguno le hemos visto nunca salir del convento a comprar tan hermosas rosas.

 

Una mañana les extrañó a todos que el hermano lego se había levantado bien temprano, pero no lo hallaban por ningún lado. Entonces el padre Prior pidió que todos los frailes se reunieran de inmediato en la capilla conventual. Cuando un religioso entraba al recinto sagrado, quedaba asombrado, al ver que el hermano Lego se encontraba arrodillado frente a al altar de la imagen de la Virgen, recitando extasiado sus acostumbradas avemarías, y que cuando terminaba de rezar una avemaría a nuestra Señora, aparecía una nueva rosa en el jarrón que adornaba el lugar. Cuando terminó de rezar las 150 avemarías, su saludo habitual, cayó muerto a los pies de la imagen de la santísima Virgen María.

 

Por otra parte, también se dice que santo Domingo de Guzmán, padre y fundador de la Orden de Predicadores o Comunidad de los padres dominicos, por revelación de la misma Virgen María, dividió las 150 avemarías en tres grupos de 50, y los asoció a la meditación de la Biblia: Los Misterios Gozosos, los Misterios Dolorosos y los Misterios Gloriosos, a los cuales San Juan Pablo II, al final de su pontificado,  añadió los Misterios Luminosos.

 

Te recomendamos seguir el ejemplo del rezo diario del santo Rosario y ojalá lo hagas en familia. Pues, familia que reza el santo Rosario, permanece unida y siempre protegida del mal.

 

 

Francisco Sastoque, o.p.