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¿QUÉ ES ORAR?


¿CUÁNDO HAY QUE ORAR?  Y


¿CÓMO TENEMOS QUE ORAR?

 

 

* Desde antiguo se la define como "piadosa elevación de la mente a Dios".

* Hablar el hombre con Dios.

* "Oración es levantar la mente a Dios" (Juan Damasceno).

* "Tu oración es hablar con Dios, cuando lees, Dios habla contigo; cuando oras, hablas tú con Dios" (S. Agustín, In Ps 85 en 7, PL 37, 1086).

* La oración es un acto en el que el orante reconoce el supremo dominio de Dios sobre él.

* Sólo los seres criados pueden orar. Las Personas divinas no pueden orar propiamente según su naturaleza divina. El Hijo de Dios ora según su naturaleza humana (cfr. Jn 14,16). El Espíritu Santo "intercede por nosotros con gemidos inenarrables (Rm 8,26), esto es, nos mueve a orar.

* Cuando la oración se hace sólo interiormente, hablamos de oración mental.

* Si la elevación de la mente a Dios se expresa también sensiblemente, tenemos la oración vocal. Pero esta oración no puede quedar sólo en palabras; tiene que darse la entrega interior, para evitar que quede vacía y sola palabra.

* En la oración vocal la Iglesia distingue la oración pública, que se hace en nombre de la Iglesia misma por personas consagradas a este oficio y de una forma prescrita. Y la oración privada. Estas dos clases de oración son muy necesarias: "El cristiano, llamado a orar en común, debe, no obstante, entrar también en su cuarto para orar al Padre en lo secreto (Mt 6,6); más aún, debe  orar constantemente, como enseña el Apóstol (1Tes 5,17)" (Concilio Vat. II, S.C., 12)

* Hoy, cuando se tienen tantos grupos de oración, hay que decir que las fórmulas fijas de oración son necesarias. Muchas personas no son capaces de inventarse oraciones y necesitan, por tanto, de oraciones hechas y así se educan para hablar con Dios. Los mismos que saben hacer oraciones en ocasiones necesitan de oraciones ya establecidas. Para la oración común son necesarias estas oraciones. El mismo Jesús nos enseñó el padrenuestro (Mt 6,9-13). En este tiempo de octubre, recordemos otra fórmula como es el rezo del santo Rosario.

* Como fruto más importante de la oración, hay que decir que nos prepara para la vida con Dios y nos hace crecer en ella; vía que es el destino a que está llamado el hombre. Si Dios escoge al hombre para que participe personalmente en su amor, el diálogo (coloquio) de la oración ha de tener gran importancia para esta comunidad entre Dios y el hombre.

* Entre los frutos o efectos que pueden darse, pero también faltan, sin que la oración pierda su valor, hay que contar el consuelo sensible. Tiempos de desolación y sequedad pueden contribuir mucho, por voluntad de Dios, a la perfección del orante. El sincero dolor de no poder orar más fervorosamente, es ya oración (s. Agustín).

* Fruto de la oración de petición puede ser alcanzar la gracia pedida. Pero si no se alcanza de la manera deseada, de ahí no puede concluirse la ineficacia de la oración.

* La oración alcanza su pleno valor cuando el orante ore en nombre de Jesús, en comunión viva de gracia que lo une con Cristo. "Si pidiereis algo al Padre, os lo dará en mi nombre. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre. Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido" (Jn 16,23ss). "Y esta es la confianza que en él tenemos, que cualquier cosa que pidamos según su voluntad, nos oye" (1Jn 5,14).

* Para orar en nombre de Jesús es esencial el estado de gracia, es decir, la unión viva del orante con el Señor, que da su fuerza a la oración. "Si permaneciereis en mí y mis palabras permanecieren en vosotros, pedid lo que queráis y se os dará" (Jn 15,7). Sin embargo, no carece de sentido la oración del pecador. Si no ora como pecador sino de lo que aún ha quedado en él de bueno, su oración, para la cual le ayuda la gracia, tiene cierto valor (S. Agustín y S.T. II-II, 83, 16c ad 2). La oración del pecador no es infructuosa (el buen ladrón Lc 23,42, el publicano baja justificado del templo Lc 18,13s).

* La oración fructuosa es confiada, pues, sólo puede darse un coloquio fructuoso donde impera la confianza (S.T. II-II, 83, 15 ad 3). Cristo obra milagros donde ve confianza.

* La recta oración debe ser humilde (S.T. II-II, 83, 15). Dios escucha al publicano humilde y rechaza al soberbio fariseo (Lc 18,9-14). "Dios resiste a los soberbios, mas da la gracia a los humildes (Sant 4,6; 1Pe 5,5; Gn 18,27).

* La buena oración ha de ser perseverante (Lc 11, 5-13; Mt 15,22-28. La vida constante con Dios necesita el intercambio constante de la oración (Perseverad en la oración Col 4,2; Rm 12,12; Ef 6,18; Orad sin intermisión 1Tes 5,17).

* El orante no debe hablar demasiado (Mt 6,7). Lo que importa no son las muchas palabras, sino la intención agradable a Dios.

* La oración es verdadera oración cuando se hace devota o atentamente.

 

 

Francisco Sastoque, o.p.