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SOBRE LA ORACIÓN

 

 

“¿Qué es orar? ¿Cuándo hay que orar? y ¿Cómo tenemos que orar?”

 

* Desde antiguo se define la oración como la "piadosa elevación de la mente a Dios" (Juan Damasceno).

 

* "Tu oración es hablar con Dios; cuando lees, Dios habla contigo; cuando oras, hablas tú con Dios" (S. Agustín, In Ps 85 en 7, PL 37, 1086).

 

* Si la elevación de la mente a Dios se expresa también sensiblemente, tenemos la oración vocal. Pero esta oración no puede quedar sólo en palabras; tiene que darse la entrega interior, para evitar que quede vacía y sola palabra.

 

* La oración es un acto en el que el orante reconoce el supremo dominio de Dios sobre él.

 

* Cuando la oración se hace sólo interiormente, hablamos de oración mental.

 

* En la oración vocal la Iglesia distingue la oración pública, que se hace en nombre de la Iglesia misma por personas consagradas a este oficio y de una forma prescrita. Y la oración privada. Estas dos clases de oración son muy necesarias: "El cristiano, llamado a orar en común, debe, no obstante, entrar también en su cuarto para orar al Padre en lo secreto (Mt 6,6); más aún, debe  orar constantemente, como enseña el Apóstol (1Tes 5,17)" (Concilio Vat. II, S.C., 12).

 

* Hoy, cuando se tienen tantos grupos de oración, hay que decir que las fórmulas fijas de oración son necesarias. Muchas personas no son capaces de inventarse oraciones y necesitan, por tanto, de oraciones hechas y así se educan para hablar con Dios. Los mismos que saben hacer oraciones, en ocasiones necesitan de oraciones ya establecidas. Para la oración común son necesarias estas oraciones. El mismo Jesús nos enseñó el padrenuestro (Mt 6,9-13). En este tiempo de Adviento y Navidad, recordemos otra fórmula como es el rezo del Rosario.

 

* El fruto más importante de la oración es la preparación para la vida con Dios y nos hace crecer en ella. Esta es el destino a que está llamado toda persona. Si Dios escoge al hombre para que participe personalmente en su amor, el diálogo (coloquio) de la oración ha de tener gran importancia para esta comunidad entre Dios y el hombre.

 

* La oración proporciona un valioso consuelo sensible. En tiempos de desolación y sequedad espiritual, contribuye mucho, por voluntad de Dios, a la perfección de la persona orante. El sincero dolor de no poder orar más fervorosamente, es ya oración (San Agustín).

 

* La oración alcanza su pleno valor cuando el orante ora en nombre de Jesús, en comunión viva de gracia que lo une con Cristo. "Si pides algo al Padre, te lo dará en mi nombre. Hasta ahora no has pedido nada en mi nombre. Pide y recibirás, para que tu gozo sea cumplido" (Jn 16,23ss). "Y esta es la confianza que en él tenemos, que cualquier cosa que pidamos según su voluntad, nos oye" (1Jn 5,14).

 

* Para orar en nombre de Jesús es esencial el estado de gracia, es decir, la unión viva del orante con el Señor, que da su fuerza a la oración. "Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les dará" (Jn 15,7). Sin embargo, no carece de sentido la oración del pecador. Si no ora como pecador sino de lo que aún ha quedado en él de bueno, su oración, para la cual le ayuda la gracia, tiene cierto valor (S. Agustín y Santo Tomás de Aquino, S.T. II-II, 83, 16c ad 2). La oración del pecador no es infructuosa (cfr. el buen ladrón Lc 23,42, el publicano baja justificado del templo Lc 18,13s).

 

* La oración fructuosa es confiada, pues, sólo puede darse un coloquio fructuoso donde impera la confianza (S.T. II-II, 83, 15 ad 3). Cristo obra milagros donde ve confianza.

 

* La recta oración debe ser humilde (S.T. II-II, 83, 15). Dios escucha al publicano humilde y rechaza al soberbio fariseo (Lc 18,9-14). "Dios resiste a los soberbios, mas da la gracia a los humildes (Sant 4,6; 1Pe 5,5; Gn 18,27).

 

* La buena oración ha de ser perseverante (Lc 11, 5-13; Mt 15,22-28. La vida constante con Dios necesita el intercambio constante de la oración (Perseveren en la oración Col 4,2; Rm 12,12; Ef 6,18; Oren sin intermisión 1Tes 5,17).

 

* El orante no debe hablar demasiado (Mt 6,7). Lo que importa no son las muchas palabras, sino la intención agradable a Dios.

 

* La oración es un encuentro amoroso “corazón a corazón con Dios”.

 

 

Francisco Sastoque, o.p.