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Píldora De Meditación 301 PDF Imprimir E-mail


YO SOY EL ALFA Y LA OMEGA,

 

EL PRIMERO Y EL ÚLTIMO

 

 

“La compenetración de la ciudad terrestre con la ciudad celeste sólo es perceptible por la fe: Más aún, es el misterio permanente de la historia humana, que hasta el día de la plena revelación de la gloría de los hijos de Dios, seguirá perturbada por el pecado.

 

La Iglesia, persiguiendo la finalidad salvífica que es propia de ella, no solo comunica al hombre la participación en la vida divina, sino que también difunde, de alguna manera, sobre el mundo entero, la luz que irradia esta vida divina, principalmente sanando y elevando la dignidad de la persona humana, afianzando la cohesión de la sociedad y procurando a la actividad cotidiana del hombre un sentido más profundo, al impregnarla de una significación más elevada.  Así la iglesia, por cada uno de sus miembros y por toda su comunidad, cree poder contribuir ampliamente a humanizar cada vez más la familia humana y toda su historia.

 

Tanto si ayuda al mundo como si recibe ayuda de él, la Iglesia no tiene más que una única finalidad: Que venga el reino de Dios y que se establezca la salvación de todo el género humano.  Por otra parte, todo el bien que el pueblo de Dios, durante su peregrinación terrena, puede procurar a la familia humana procede el hecho de que la Iglesia es el sacramento universal de la salvación, manifestando y actualizando, al mismo tiempo, el misterio del amor de Dios hacia el hombre.

 

Pues el Verbo de Dios, por quien todo fue hecho, se encarnó a fin de salvar, siendo Él mismo hombre perfecto, a todos los hombres y para hacer que todas las cosas tuviesen a Él por cabeza. El Señor es el término de la historia humana, el punto hacia el cual convergen los deseos de la historia y de la civilización, el centro del género humano, el gozo de todos los corazones y la plena satisfacción de todos sus deseos. Él es aquel a quien él Padre resucito de entre los muertos, le ensalzo he hizo sentar a su derecha, constituyéndolo juez de los vivos y de los muertos.  Vivificados y congregados en su Espíritu, peregrinamos hacia la consumación de la historia humana, que corresponde plenamente a su designio de amor: Haced que todas las cosas tuvieses a Cristo por cabeza, las del cielo y las de la tierra.

 

“El mismo Señor ha dicho mira, llego enseguida y traigo conmigo mi salario, yo daré a cada uno según sus obras. Yo soy el alfa y la omega, el primero y el último, el principio y el fin.”

 

 

“Constitución pastoral Gaudium et Spes sobre la iglesia y el mundo actual, del Concilio Vaticano II, 40.45”