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La alegría de buscar y encontrar a Cristo



El pasado domingo, en que celebrábamos el Bautismo del Señor, comenzó el tiempo ordinario del Año litúrgico 2020. La belleza de este tiempo está en el hecho de que nos invita a vivir nuestra vida ordinaria como un itinerario de santidad, es decir, de fe y de amistad con Jesús, continuamente descubierto y redescubierto como Maestro y Señor, camino, verdad y vida del hombre. El evangelio de san Juan, nos presenta el primer encuentro entre Jesús y algunos de los que se convertirían en sus apóstoles. Eran discípulos de Juan Bautista, y fue precisamente él quien los dirigió a Jesús, cuando, después del bautismo en el Jordán, lo señaló como "el Cordero de Dios" (Jn 1, 36).


Entonces, dos de sus discípulos siguieron al Mesías, el cual les preguntó:

- "¿Qué buscáis?".

Los dos le preguntaron:

- "Maestro, ¿dónde vives?".

Y Jesús les respondió:

- "Venid y lo veréis".

 

Es decir, Jesús los invitó a seguirlo y a estar un poco de tiempo con él. Quedaron tan impresionados durante las pocas horas transcurridas con Jesús, que inmediatamente uno de ellos, Andrés, habló de Jesús a su hermano Simón, diciéndole: - "Hemos encontrado al Mesías". Aquí se nos presentan dos palabras singularmente significativas: "buscar" y "encontrar".

 

Podemos considerar estos dos verbos y sacar una indicación fundamental para este nuevo año, que queremos que sea un tiempo para renovar nuestro camino espiritual con Jesús, con la alegría de buscarlo y encontrarlo incesantemente.

 

En efecto, la alegría más auténtica está en la relación con él, encontrado, seguido, conocido y amado, gracias a una continua tensión de la mente y del corazón. Ser discípulo de Cristo: esto basta al cristiano. La amistad con el Maestro proporciona al alma paz profunda y serenidad, incluso en los momentos oscuros y en las pruebas más arduas. Cuando la fe afronta noches oscuras, en las que no se "siente" y no se "ve" la presencia de Dios, la amistad de Jesús garantiza que, en realidad, nada puede separarnos de su amor (cf. Rm 8, 39).

 

Buscar y encontrar a Cristo, manantial inagotable de verdad y de vida: la palabra de Dios nos invita a reanudar, al inicio de este nuevo año 2020, este camino de fe que nunca concluye. "Maestro, ¿dónde vives?", preguntamos también nosotros a Jesús, y él nos responde: "Venid y lo veréis". Para el creyente es siempre una búsqueda incesante y un nuevo descubrimiento, porque Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre, pero nosotros, el mundo, la historia, no somos nunca los mismos, y Él viene a nuestro encuentro para donarnos su comunión y la plenitud de la vida.

 

Pidamos a la Virgen María que nos ayude a seguir a Jesús, gustando cada día la alegría de penetrar cada vez más en su misterio.

 

 

Francisco Sastoque, o.p.