Inicio Presentación Mensajes Nuevos Píldora De Meditación 306
Píldora De Meditación 306 PDF Imprimir E-mail

 

La contemplación

 

 

¿Qué es la oración? Santa Teresa de Jesús responde: no es otra cosa para mí la oración mental, sino tratar de amistad muchas veces a solas con quien sabemos nos ama.

 

Cuando oramos, como dice el Cantar de los Cantares, en la contemplación se busca al amado del alma, esto es, a Jesús, y en Él, al Padre. Es buscarlo porque desearle es siempre el comienzo del amor. Y es buscado en la fe pura, esa fe que nos hace ser de Él, vivir en Él. En la contemplación se puede también meditar, pero la mirada está centrada en la búsqueda del Señor.

 

Cuando contemplamos estamos siempre atentos a la presencia de Dios y a dónde Dios se nos esconde. La elección del tiempo y de la duración de la contemplación, dependen de una voluntad decidida, reveladora de los secretos del corazón. No se hace contemplación cuando se tiene tiempo, sino que se toma tiempo para estar con el Señor, con la firme decisión de no dejarlo, y de volver a tomarlo, cualesquiera sean las pruebas y la sequedad que nos haya dejado el anterior encuentro, o que sentimos como perspectiva que va a tener el próximo encuentro. No se puede orar de momento. Hay que entrar en la presencia de Dios para permanecer. La entrada a la contemplación es semejante a la de la Liturgia de la Eucaristía: esto es, hay que recoger el corazón y todo nuestro ser bajo la moción del Espíritu Santo, habitar la morada del Señor que somos nosotros mismos, despertar la fe para entrar en la presencia de Aquél que nos está esperando, hacer que caigan nuestras máscaras, volver nuestro corazón hacia el Señor que nos ama, para ponernos en sus manos, como una ofrenda que hay que purificar, que busca transformarse. La contemplación es la oración del hijo de Dios, que se sabe pecador, perdonado y que consiente en acoger el amor con el que es amado y quiere responder a ese amor poniendo la vida en clave de amor. Pero sabe que su deseo de amar, al estilo del que es amado, solo es posible si el Espíritu Santo se derrama en su corazón, porque todo termina siendo gracia por parte de Dios. La contemplación es la entrega sencilla, humilde, a la voluntad amante del Padre, en unión cada vez más profunda con Jesús, por lo que obra el Espíritu Santo en nosotros.

 

La oración de contemplación es la expresión más sencilla del misterio orante; es un don, es una gracia. Nos sorprende, descubriéndonos pobres y humildes delante de Dios, permaneciendo en su presencia con la conciencia clara de que Él está allí y nos quiere allí. Mirarlo y dejarnos mirar por Él. Contemplamos sencillamente cruzando miradas.

 

La contemplación es también el tiempo fuerte de la oración. El Padre nos concede que seamos fortalecidos por la acción de su Espíritu en el hombre interior nuestro. Que Cristo sea ese hombre interior, eso es lo que el Padre anhela: que Jesús sea el hombre interior, hasta llegar a decir nosotros -como el apóstol- es Jesús quien vive en mí. ¿Quién obra esto? El mismo que creó a la persona de Jesús en el vientre de María, el Espíritu Santo, es el que recrea la vida de Cristo en nosotros.

 

 

P. Javier Soteras