Inicio Presentación Mensajes Nuevos Píldora De Meditación 307
Píldora De Meditación 307 PDF Imprimir E-mail


La oración vocal (1)

 

 

La oración vocal es ponerle palabras a los silencios que, a veces, aturden nuestro corazón, donde no podemos terminar de comunicarnos.

 

Es por medio de su Palabra que Dios nos habla, nos sale al encuentro. Es por medio de palabras mentales, vocales, que nuestra oración toma cuerpo.

 

La oración vocal es indispensable para darle cuerpo a nuestro espíritu orante. En el camino de la oración vocal se produce una asociación entre los sentires más profundos e interiores, y las palabras que encuentra nuestra inteligencia para poder expresar eso que interiormente nos pasa. Somos cuerpo y espíritu, y experimentamos la necesidad de traducir exteriormente el sentir interior. Es necesario rezar con todo nuestro ser; más aún, expresar lo vocal y también lo gestual, ya que expresar con gestos nuestra oración nos ayuda mucho. San Ignacio, cuando nos invita a la oración, dice que el modo corporal de estar ubicado determina también la forma en que uno se está comunicando. Puede ser acostado, arrodillado, de pie, con los brazos en alto, puede ser en sentido de adoración, con la mirada puesta en el cielo. La expresión corporal habla de nuestro modo de querer comunicarnos con Dios. También puede ser con un clamor, con gemidos, con un grito, y hasta con llantos puede ser que la oración exprese corporalmente lo que es nuestro sentir. Siempre y cuando sea en serenidad, sin estridencias. Porque el Espíritu obra en suavidad, sin estrépitos. El Espíritu es como una gota que cae en la esponja y es absorbida. No es como una gota que cae en la piedra, donde se rompe la gota. No, el Espíritu obra buscando penetrar en lo más profundo del corazón.

 

Esta necesidad de ponerle palabra a nuestro sentir interior brota también de un clamor divino: Dios busca adoradores, en espíritu y en verdad. Y por lo tanto, la oración que sube viva desde las profundidades del alma, necesita expresarse verazmente. Reclama de una expresión exterior que asocia al cuerpo a la interioridad. La palabra y el cuerpo le ponen expresión al sentir. El Espíritu obra como un susurro, como un gemido en el alma. Hay que saberlo captar y decodificarlo, traducirlo; hay que ponerle palabras para que pueda el Espíritu expresarse en nosotros, a Dios el Padre en Cristo como el Espíritu quiere expresarse, tomando de nuestra corporeidad.

 

 

P. Javier Soteras