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“El camino espiritual de la Cuaresma”

 

 

El camino espiritual de la Cuaresma

 

 

Con el Miércoles de Ceniza se da inicio al tiempo de Cuaresma. El Miércoles de Ceniza se celebra cuarenta días antes del Domingo de Ramos que da comienzo a la Semana Santa. La ceniza, cuya imposición constituye el rito característico de esta celebración litúrgica, se obtiene de la incineración de los ramos bendecidos en el Domingo de Ramos del año litúrgico anterior.

 

La Cuaresma es tiempo litúrgico fuerte, durante el cual los cristianos estamos llamados a tener la mirada fija en Jesús para seguirlo en el itinerario hacia la Pascua.

 

En este camino espiritual, que tiene como punto de llegada el Triduo Pascual, la comunidad cristiana redescubre su vocación de pueblo redimido, llamado a vivir la muerte de Cristo para participar en su resurrección. Haciendo una experiencia más íntima de Él, la comunidad cristiana se renueva en la fe, en la esperanza y en el amor. A través de la escucha de la Palabra, la oración, la penitencia y la práctica de la caridad hacia los hermanos necesitados, la Iglesia participa en la vida misma de Cristo que afronta la experiencia del desierto, ayuna, vence la tentación y luego recorre la senda del siervo humilde y sufriente hasta la cruz. En Cristo, la Iglesia revive el Éxodo pascual, que la llevará a una conciencia más intensa de su realidad de pueblo de la nueva alianza, en la escucha de la Palabra y en la experiencia gozosa de los prodigios del Señor.

 

El cristiano vive la Cuaresma como tiempo privilegiado para redescubrir la gracia del bautismo y para prepararse a celebrar con alegría, con corazón libre y reconciliado, el don pascual de la filiación divina.

 

El Espíritu que guio a Jesús en el camino hacia la Pascua, impulsa también a los bautizados a seguirlo en el "desierto", para confirmarlos en su fidelidad a Dios y a su proyecto, frente a las frecuentes tentaciones del materialismo, el poder y la infidelidad.

 

La Cuaresma, con su austero itinerario, nos ayuda a todos a tomar conciencia de los peligros espirituales a que se halla expuesta nuestra vida y, al mismo tiempo, nos lleva a abrir los ojos hacia las magníficas perspectivas de la vocación cristiana.

 

La imagen del desierto, típica de este período, pone con realismo al hombre ante el resultado de su separación de Aquel que es la Fuente de la Vida. Sin Dios, la existencia resulta vacía, sin sentido, carente de afectos auténticos y de grandes ideales, y privada de generosidad, amor y perdón.

 

Este tiempo de penitencia exige del cristiano que se comprometa a sanar las consecuencias de los pecados personales y comunitarios con la mortificación de las pasiones y con una vida más sobria.

 

En el período de preparación para la Pascua además de la oración, cobra especial relieve el ayuno. Por medio de él, el Señor santifica y purifica a su Iglesia.

 

Además del ayuno, la Cuaresma invita a la práctica de la limosna que ayuda a quien se encamina hacia la Pascua a abrir su corazón a los hermanos, especialmente a los más pobres y necesitados, haciéndose cargo del hambre y del sufrimiento de gran parte de la Humanidad. En un mundo desgarrado por muchas injusticias, la limosna cuaresmal se transforma en signo de la realidad nueva del Reino de Dios y anticipación de una convivencia más justa y fraterna entre los hombres, por estar inspirada en el Evangelio.

 

En este caminar cuaresmal, que comenzamos hoy, nos acompaña María, Madre de la Esperanza: ella nos sostiene con su ternura materna y nos guía a acoger con espíritu renovado el anuncio gozoso de la Pascua.

 

 

Francisco Sastoque, o.p.