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Ventana al Infinito. Copyright © 2011 - Universidad Santo Tomás - Todos los derechos reservados.  
 

 

 

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HOY COMIENZA EL AÑO JUBILAR

CON OCASIÓN DE LA CELEBRACIÓN DEL CENTENARIO

DE LA CORONACIÓN

DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE CHIQUINQUIRÁ

COMO REINA Y PATRONA DE COLOMBIA,

EL PRÓXIMO 9 DE JULIO DE 2019

 

 

Comienza El Año Centenario De La Coronación De La Reina Y Patrona De Colombia

 

 

Hoy se cumplen 99 años en que el pueblo colombiano, en solemne y majestuosa celebración en la Plaza de Bolívar de Bogotá presidida por el Excelentísimo Señor Nuncio Apostólico Don Enrique Gasparri, varios obispos y el señor Presidente de la República Marco Fidel Suárez con todos sus Ministros y el Cuerpo Diplomático de entonces y la Comunidad Dominicana, guardianes del Santuario. Acabada la misa, el Provincial de los Dominicos, Fray José Ángel Lombana y los presbíteros Jenaro Jiménez y Eduardo Díaz, presentaron el venerable lienzo al señor Obispo de Tunja, Eduardo Maldonado, quien tomó las coronas y las puso en las cabezas del Niño y de la Virgen respectivamente, diciendo en voz brillante. “Así como hoy os coronamos en la tierra, así merezcamos ser coronados en el Cielo”. “Yo… pido humilde y respetuosamente a los Arzobispos y Obispos aquí congregados, que así como la República fue consagrada al Sacratísimo Corazón de Jesús, de la misma manera, se consagra solemne y públicamente, por voto nacional, a la Santísima Virgen, Reina de Colombia”.

 

Con este singular acontecimiento de agradecimiento y veneración, se rindió filial homenaje a la “Rosa del cielo” por la presencia cercana de Nuestra Señora la Virgen María en la historia nacional, en la historia de la Iglesia colombiana y en cada uno sus hijas e hijos devotos.

 

Son 432 años luminosos de historia, llenos de gracias y favores, colmados de bondades y misericordias infinitas de parte de Cristo Redentor y Salvador, quien, mediante la intercesión poderosa de su Santísima Madre en la advocación del Rosario de Chiquinquirá, ha bendecido a miles de colombianos, venezolanos, ecuatorianos y de otros países y ha librado a nuestra nación de graves ataques contra la fe.

 

En este año, que hoy se inicia y va a culminar el 9 de julio del 2019, qué bueno que todos los cristianos abramos las puertas del corazón al infinito amor del Padre celestial, y que con hechos santos y con palabras fervorosas y ardientes de fe y esperanza, encausemos nuestro andar por los caminos de la Verdad, la Vida, la Justicia, el Amor y la Paz, camino que sólo Cristo puede darnos.

 

En este caminar, como tantos piadosos visitantes y romeros al Santuario Nacional de Chiquinquirá por más de 430 años, fijemos nuestra mirada en la Reina y Patrona de Colombia, para contarle nuestras cuitas -angustias, tristezas, dolores, sufrimientos y tribulaciones…- y encontrar en su corazón maternal  el consuelo, la alegría y la esperanza.

 

Como el pueblo hebreo miraba, volvía sus ojos reverentes al monte santo Sión, volvamos nuestra mirada hacia la Santísima Virgen María en la advocación del Rosario de Chiquinquirá, Madre de la Esperanza. Que la Virgen Santísima conserve en Colombia el beneficio incomparable de la fe, a pesar de los pesares: no obstante, el mal... a pesar de la corrupción y de los vicios inherentes a la civilización moderna.

 

El Santuario de Nuestra Señora de Chiquinquirá está vigente, porque vigentes están los dolores de la humanidad; las penas y aflicciones nos asedian cada día; y, por lo que atañe a la nación colombiana, aquí tenemos el verdadero y auténtico paño de lágrimas. El estribillo de la novena canta y está grabado en letras de oro, en el cimborio de la cúpula: ¡Oh Madre clemente y pía, escuchad nuestros clamores!

 

Ahora te invito a que imploremos juntos la intercesión de Nuestra Señora, dulce Madre de Chiquinquirá, para que haga llover del cielo rocío divino de gracias celestiales para enriquecer cada vez más con frutos de vida eterna esta tierra siempre pródiga y generosa.

 

Y al emprender cada mañana un nuevo andar, dirijamos nuestra voz a la Virgen bendita de Chiquinquirá, exclamando con fe y esperanza:

 

“Pues sois de los pecadores

el consuelo y alegría

¡oh madre clemente y pía,

escuchad nuestros clamores!”

 

 

Francisco Sastoque, o.p.