Inicio

Liturgical Services

podcastLiturgical Services

Did you know?

Virtual Chapel

Subscribe to Our Virtual Chapel and Receives the Gospel in Your E-mail.

Who's Online

We have 37 guests online

I know when you sit down and when you wake up...

(Psalm 139.2)

Ventana al Infinito. Copyright © 2011 - Universidad Santo Tomás - Todos los derechos reservados.  
 

 

 

There are no translations available.


“El Hijo del hombre ha dado su vida

 

en rescate por nosotros”

 

 

Vigésimo Noveno Domingo Ordinario B

 

 

Libro del profeta Isaías (Is 53,10-11)

 

“El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento. Cuando entregue su vida como expiación, verá su descendencia, prolongará sus años; lo que el Señor quiere prosperará por sus manos. A causa de los trabajos de su alma, verá y se hartará, con lo aprendido mi Siervo justificará a muchos, cargando con los crímenes de ellos.”

 

 

Salmo Responsorial (Salmo 32)

R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

 

Aclamad, justos, al Señor,

que la palabra del Señor es sincera,

y todas sus acciones son leales;

Él ama la justicia y el derecho,

y su misericordia llena la tierra.

 

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles;

en los que esperan en su misericordia,

para librar sus vidas de la muerte

y reanimarlos en tiempo de hambre.

 

Nosotros aguardamos al Señor:

Él es nuestro auxilio y nuestro escudo.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,

como lo esperamos de ti.

 

 

Carta a los Hebreos (Hb 4,14-16)

 

“Hermanos: Mantengamos la confesión de la fe, ya que tenemos un Sumo Sacerdote grande que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios. No tenemos un Sumo Sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado. Por eso, acerquémonos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente.”

 

 

Aleluya

 

Aleluya, aleluya

“El hijo del hombre ha venido para servir y dar su vida en rescate por todos.”

Aleluya.

 

 

Evangelio de san Marcos (Mc 10,35-45)

 

“En aquel tiempo [se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron:

- Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.

Les preguntó:

- ¿Qué quieren que haga por ustedes?

Contestaron:

- Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.

Jesús replicó:

- No saben lo que piden, ¿ustedes son capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizarse con el bautismo con que yo me voy a bautizar?

Contestaron:

- Los somos.

Jesús les dijo:

- El cáliz que yo voy a beber lo beberán, y se bautizarán con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.]

Jesús, reuniéndolos a los doce, les dijo:

- Ustedes saben que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Ustedes nada de eso: el que quiera ser grande, sea su servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate de todos.”

 

 

Reflexión

 

Las lecturas de la Sagrada Escritura de este domingo, muestran cómo Jesús vuelve a exponer el destino que le aguarda en Jerusalén y sus discípulos siguen sin entenderle. Ellos prefieren la gloria y el poder. Santiago y Juan llevan su ambición hasta pedirle los primeros puestos en su reino, Jesús les enseña el precio para entrar en él: seguir su mismo camino, afrontar con Él hasta la última gota de dolor (Mc 14,36; Mt 26,39-42), sumergirse con Él en la pasión y en la muerte (Lc 12,50). A pesar de ello, todo esto no da derecho a los primeros puestos, que el Padre reparte a quien quiere. Es solo condición para la entrada con Él, en la gloria.

 

Jesús aprovecha el enojo de los demás discípulos, para instruirles a todos sobre el camino de la verdadera grandeza. El máximo honor es para aquel que más ama. Mayor amor manifiesta quien sirve más, hasta el máximo servicio, el que realizó Jesús muriendo para dar la vida a todos los hombres y mujeres del mundo entero.

 

El camino de Cristo, hecho de servicio y sacrificio, deberá ser seguido por los que se deciden continuar su tarea de salvación. El que quiera ser grande, tiene que ser servidor de los demás; el que quiera ser el primero, tiene que ser esclavo de todos... Para comprender ésta misión ha de tenerse siempre presente que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvieran, sino para servir y dar la vida en rescate por todos.

 

Jesucristo nuestro Señor salva a la humanidad entera contrariando los deseos de dominio y de poder que se instalaron en el mundo, en la sociedad, y lo destruyen. El camino de Cristo, hecho de servicio y sacrificio, deberá ser seguido por los que se deciden continuar su tarea de salvación. En el servicio realizará su puesto el que manda. En el cáliz amargo del sufrimiento encontrará su destino el que quiera de verdad seguir a Cristo. Ese sufrimiento no solo aprovechará a los demás. Es, también, el único modo de solidarizarse con la humanidad que sufre, y de sentir en la propia carne la urgencia de la salvación.

 

"El Hijo del hombre ha venido para servir y dar la propia vida en rescate de todos". Este es uno de los datos más importantes del evangelio. Jesús asume toda la doctrina y visión profética de Isaías (cfr. Is 53), y la expresa en el término "rescate", “como sustituto” o “en el puesto de”. “Rescate” es un término que indica de por sí la liberación de una persona, de un esclavo. Aquí expresa la “doctrina de la satisfacción”, que es un intento de clarificar el misterio de la eficacia redentora de la pasión y muerte del Señor.

 

Jesús ataca en la raíz al pecado, haciéndose obediente hasta la muerte. Como dice el profeta Isaías, "por su pago nosotros hemos sido curados" (Is 53,5). Dios ha amado a los hombres hasta enviar a su Hijo al mundo para reconciliarnos con Él (2Cor. 5,19). Jesús, el primogénito de muchos hermanos (Rm 8,29), se ha hecho obediente hasta la muerte y muerte de cruz (Fil 2,8). Santo, inocente y sin macha (Hb 8,26), Él ha tomado sobre sí, por sus hermanos pecadores y como su mediador (1Tim 2,5), la muerte, consecuencia del pecado (Rm 6,23). Así, Él ha reparado, a los ojos de Dios, las ofensas de la humanidad y ha merecido que la gracia divina fuese dada de nuevo a todos los hombres y mujeres del mundo entero.

 

 

Fray Luis Francisco Sastoque, o.p.