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Es probable que no me conozcas, pero yo te conozco perfectamente bien...

(Salmos 139.1)

Ventana al Infinito. Copyright © 2011 - Universidad Santo Tomás - Todos los derechos reservados.  
 

 

 

 

“No puedes servir a Dios y al dinero”

 

 

Vigésimo Quinto Domingo Ordinario C

 

 

Libro del profeta Amós  (Am 8,4-7)

 

“Escuchad esto los que exprimís al pobre y despojáis a los miserables, diciendo: ¿Cuándo pasara la luna nueva para vender el trigo, y el sábado para ofrecer el grano? Disminuís la medida, aumentáis el precio, usáis balanzas con trampa, compráis por dinero al pobre, al mísero por un par de sandalias, vendiendo hasta el salvado del trigo. Jura el Señor por la Gloria de Jacob que no olvidará jamás vuestras acciones.”

 

 

Salmo Responsorial (Salmo 112)

R/. Alabad al Señor, que ensalza al pobre.

 

Alabad, siervos del Señor,

alabad el nombre del Señor.

Bendito sea el nombre del Señor,

ahora y por siempre.

 

El señor se eleva sobre todos los pueblos,

su gloria sobre el cielo;

¿quién como el Señor Dios nuestro,

que se eleva en su trono

y se abaja para mirar al cielo y a la tierra?

 

Levanta del polvo al desvalido,

alza de la basura al pobre,

para sentarlo con los príncipes,

los príncipes de su pueblo.

 

 

Carta de san Pablo a Timoteo  (Tm 2,1-8)

 

“Te ruego, pues, lo primero de todo, que hagáis oraciones, plegarias, súplicas, acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los que están en el mando, para que podamos llevar una vida tranquila y apacible, con toda piedad y decoro. Eso es bueno y grato ante los ojos de nuestro Salvador, Dios, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

Pues Dios es uno, y uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos: éste es el testimonio en el tiempo apropiado: para él estoy puesto como anunciador y apóstol -digo la verdad, no miento-, maestro de los paganos en fe y verdad.

Encargo a los hombres que recen en cualquier lugar alzando las manos limpias de ira y divisiones.”

 

 

Aleluya

 

Aleluya, aleluya.

“Jesucristo, siendo rico, por vosotros se hizo pobre, para que vosotros, con su pobreza, os hagáis ricos.”

Aleluya.

 

 

Evangelio de san Lucas (Lc 16,1-13)

 

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

[- Un hombre rico tenía un administrador y le llego la denuncia de que derrochaba sus bienes.

Entonces lo llamo y le dijo:

“¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión porque quedas despedido.”

El administrador se puso a echar sus cálculos:

“¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa.”

Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo, y dijo al primero:

“¿Cuánto debes a mi amo?”

Este respondió:

“Cien barriles de aceite”.

Él le dijo:

“Aquí está tu recibo: aprisa, siéntate y escribe “cincuenta”.

Luego dijo a otro:

“Y tú, ¿Cuánto debes?

Él contestó:

“Cien fanegas de trigo.”

Le dijo:

“Aquí está tu recibo escribe “ochenta”.

Y el amo felicito al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que lo hijos de la luz.

Y yo os digo: Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.]

El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado.

Si no fuisteis de fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, lo vuestro ¿quién os lo dará?

Ningún siervo puede servir a dos amos: porque o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.”

 

 

Reflexión

 

Vivimos un momento de la historia humana muy grave, caracterizado por un cáncer-lepra creciente, muy difícil de controlar y menos de erradicar: el deseo desbordado de poder y ser rico, de acumular.

 

Esto lo logran con la deshonestidad, el robo, la corrupción, la violencia… cuyo síntoma más cercano es el enriquecimiento ilícito -usando cualquier medio incluyendo el asesinato y otras atrocidades- que ha invadido la mente y el corazón de muchísimas personas de toda condición, edad, raza, sexo… La primera manifestación se da cuando se comienza a utilizar como línea de vida, esta frase: “tengo que aprovechar mi cuarto de hora”.

 

El mundo está dividido entre ricos y pobres. La contestación, la lucha de clases parece basada sobre el principio que no hay posibilidad de acuerdo sino con la eliminación de una de las dos partes. El anuncio del Reino de Dios, de su Amor que salva, llega a un mundo dividido entre ricos y pobres. Es un anuncio que descubre lo íntimo del hombre y un cierto tipo de orden social.

 

En la lectura del evangelio de este domingo, Jesús nos ofrece el ejemplo del administrador estafador y ladrón. Una vez descubierto le dice el jefe: "Dame cuenta de tu trabajo. Estás despedido". Y este administrador tramposo, ladrón y corrupto da su último golpe, aprovecha su “cuarto de hora”, para asegurar su futuro y hacerse amigos con el dinero mal adquirido.

 

Este administrador fue alabado por su astucia, por asegurar su futuro, por la rapidez para utilizar sus argucias para conseguir unos fines inmediatos; pero también fue castigado, pues, perdió la confianza de su señor, sufrió la vergüenza del despido, y para siempre quedó marcado como tramposo y ladrón.

 

En este momento, Jesús está aquí frente a ti, a mí y a todos y nos llama a la responsabilidad y a rendir cuentas: ¿Qué es aquello que dicen de ti de tener malos manejos y mal comportamiento? Ahora, quiero las cuentas claras de tu administración.

 

Dios, para nosotros los creyentes, es el dueño del cielo y de la tierra, Dios es el único Señor. Todo es suyo. Pero "Dios ha destinado la tierra y todo lo que contiene para uso de todos los hombres".

 

Todos nosotros somos administradores de los bienes creados por Dios. Los administradores de Dios, de sus cosas, de la vida que nos ha dado, de los bienes recibidos, de la familia…

 

¿Somos corruptos, estafadores y ladrones…? ¿Somos fieles en las cosas pequeñas? ¿Nos aprovechamos de la bondad del Señor? ¿Somos conscientes de que estamos administrando algo que no es nuestro? ¿Pensamos que todo es nuestro y que no tenemos que dar cuentas a nadie? El Señor te dice hoy: “dame cuenta de tu administración".

 

Si no eres de fiar en lo poco, en el vil dinero, ¿Quién te confiará lo que vale de veras?

 

No olvidemos que en los momentos de crisis el mercado negro está a la orden del día, y el que sufre las consecuencias es el pobre, el amigo del Señor. Esta es la situación que se vivía también en tiempos del profeta Amós, en el siglo VIII antes de Cristo. Dios es el defensor potente del pueblo. Amós habla contra aquellos que compran a los pobres con dinero, proveniente de su necesidad (cfr. Am 8,4-7).

 

Cierto que tú no tienes una gran empresa que administrar ni siquiera una bodega que abrir todos los días, pero tienes un pequeño sueldo, un cuerpo, unas cualidades intelectuales y espirituales, una familia que cuidar, un alma que salvar y Dios te pedirá cuentas. Nosotros no podemos malgastar los dones que Dios nos ha dado. A Dios no le gusta el despilfarro, es un insulto a los hermanos que carecen de todo.

 

¿Qué hizo el administrador corrupto?

 

Rápidamente puso en práctica una estrategia para salvarse y hacerse amigos para que le colaboraran más adelante.

 

Como puede verse en el texto del evangelio de hoy, lo que interesa no es el hombre rico, el administrador con sus deudores, los deudores, sino la deshonestidad con que el administrador actúa. Esto no quiere decir que el Señor alabe la deshonestidad, la corrupción y la mala fe, sino sobre todo la habilidad en el manejo del dinero, habilidad que debe ser transferida al ámbito de la vida cristiana. ¿Cuándo será que un cristiano maneja justamente aquel dinero que puede servir a la deshonestidad? Cuando sabe socorrer con los propios bienes a los pobres, con vista a la vida eterna; cuando entiende que Dios es la única realidad viviente que amerita de verdad la atención del hombre (cfr. Lc 16,1-13).

 

Para el rico acoger el anuncio del reino es transformar los bienes en medios de amistad y de comunión. Ya escuchamos el domingo pasado la invitación de Jesús a vender todo y darlo a los pobres.

 

A nosotros también el Señor nos invita a la responsabilidad y honestidad y nos urge a la conversión.

 

Pongamos al día el “libro de las cuentas” que tenemos. ¡Hagámoslo rápido! El Señor viene, ¡hagámonos amigos del único que nos puede salvar!

 

La amistad que el rico debe construir no es fruto de su buen corazón, sino exigencia y deber que deriva de lo que posee. Esto que él dona no debe tener el aspecto de limosna. El pobre en la comunidad cristiana tiene derechos que son satisfechos. El rico debe sentirse más como un atento administrador de los bienes que como un propietario.

 

Seamos fieles, sobre todo en las cosas pequeñas. El cheque no es solamente tuyo, es también de tu esposa y de tus hijos y juntos tienen que administrarlo.

 

Tu cuerpo no es solamente tuyo. Es lo más precioso que tienes. Con él amas y sufres, te comunicas y gozas, respiras y cantas, trabajas y descansas. Con él das gloria a Dios. No lo conviertas en una máquina de egoísmo y placer. ¿A quién sirves con tu cuerpo? Tu cuerpo es una casa pasajera, templo de Dios, cuídalo y ponlo al servicio de Dios y de los hermanos.

 

Tu familia. No es solamente tuya. Dios te va a pedir cuentas si no la cuidas y la llevas a buen puerto. Dios quiere tener el sitio preferencial en su casa.

 

Recuerda: "No se puede servir a Dios y al dinero". El dinero es el pequeño negocio de este mundo. Para muchos es el único negocio, el único dios. El gran ídolo de nuestra sociedad. La Salvación de Dios, el Amor de Dios es el gran negocio. Todo lo demás es efímero, no da la paz ni la felicidad ni la salvación.

 

Tú, ¿A quién sirves? Dios te pedirá cuentas de la administración de todos los bienes que Él te ha dejado.

 

Sin la conversión del corazón, las riquezas en las manos del hombre llegan a ser riquezas de iniquidad, ya sea en el acto de poseer o en el acto de dar. La donación hecha para tapar la conciencia y no por amistad, no es verdadera donación.

 

Toda decisión que no culmine en el amor es errada desde la raíz. El hacerse amigo significa buscar en el uso de los bienes una realización horizontal, entre hermanos, y no vertical, de alto y bajo.

 

Ante el dinero que es símbolo de las cosas, e instrumento de división y de lucha, seamos verdaderos amigos, instrumentos de comunión, de amistad, de igualdad entre las personas, viviendo el Amor que Dios Altísimo nos ha dejado como herencia (cfr. 1Cor 13,1-13).

 

 

Francisco Sastoque, o.p.